Entrevista a Sergio Viaggio: Jefe del Servicio de Interpretación de la ONU en Viena

 
Entrevista a Sergio Viaggio, Jefe del servicio de interpretación de la ONU en Viena.
“Una cita a ciegas”
Javier del Pino
 Entrevista publicada originalmente en Terminologie et Traduction, la revue des services linguistiques des institutions européennes, 1.2000.
 
Sergio Viaggio nació en Buenos Aires en 1945. Aprendió inglés ya en el jardín de infancia e hizo sus estudios preescolares y escolares en escuelas inglesas de la ciudad. En 1966 obtuvo una beca para estudiar lengua y literatura rusas en Moscú. Obtuvo un posgrado cum laudae en Filología en 1971 con una tesina sobre los "Problemas de la traducción métrica del ruso al castellano (sobre la base de traducciones ajenas y propias de la poesía de Pushkin)". En 1974 ingresó como traductor en la ONU y en 1975 pasó a ser intérprete. En 1991 fue nombrado Jefe de la Sección de Interpretación de la Oficina de las Naciones Unidas en Viena.
 
A partir de 1984 comienza a interesarse sistemáticamente por la didáctica y teoría de la traducción e interpretación. Ha dado conferencias y seminarios en Buenos Aires, La Habana, Kingston, Nueva York, Nueva Jersey, Chicago, Montreal, Nairobi, Trieste, Roma, Barcelona y en el Centro Internacional de Viena, y ha sido miembro del Tribunal Examinador de los exámenes de fin de carrera en las escuelas de Londres, Trieste y Mons. También ha participado en diversos congresos internacionales de traducción e interpretación. Lleva publicada una treintena de artículos y monografías en revistas como Meta, The Interpreters' Newsletter, Rivista internazionale di tecnica della traduzione, Fremdsprache, Sendebar, TEXTconTEXT y otras. Es miembro de la AIIC (Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia) y uno de los fundadores de la Sociedad Europea de Traductología, cuya Secretaría desempeñó hasta que sus obligaciones profesionales le obligaron a renunciar en 1993.
 
Sergio es afable y accesible, como los intérpretes esperan de un jefe de intérpretes. Su despacho está lleno de carteles anunciando conferencias que él ha pronunciado en distintos foros de distintos países, de seminarios que ha impartido o de entrevistas que ha concedido. Su mesa, llena de papeles y libros “olvidados”, sólo físicamente, que no de su cabeza. Pero leamos lo que tiene que contarnos…
 
1.         Tu combinación lingüística es prácticamente igual que la mía: francés, inglés y ruso en cabina española. Mi primera pregunta es la que también a mí me hacían los compañeros cuando empecé a trabajar en el Parlamento Europeo, ¿Porqué el ruso? ¿Dónde lo estudiaste y por qué decidiste ser intérprete?
 
Porque me quería ir de varios lugares: de mi casa, de Buenos Aires y de la Argentina. Y porque, además, me quería ir a dos lugares: Europa y París. Empecé a pedir becas por todos lados y donde finalmente me la dieron fue en Moscú. O sea que me dieron Europa pero no París. Escogí Lengua y Literatura Rusa porque era prácticamente lo único que me ofrecían donde no exigían matemáticas (bueno, también ofrecían Derecho e Historia, pero yo no tengo pasta para ninguna de las dos). Fue como ir a una cita a ciegas y encontrarte a la mujer de tu vida, porque no sólo aprendí el ruso y me enamoré de Pushkin, sino que me interesé a fondo por la teoría y la práctica de la traducción de la poesía. Sobre eso escribí mi tesis.
 
Yo no sabía entonces que existía la profesión de intérprete. Regresé a Buenos Aires con dos ambiciones: enseñar literatura rusa y traducir a los clásicos que, como tu sabes, dan vergüenza las traducciones que se han hecho al castellano, sobre todo de Pushkin. Jarro de agua fría al regresar a Argentina: acabé enseñando “lectura veloz” (un timo inventado por un instituto pirata) en Tierra del Fuego. En Ushuaia estaba cuando me enteré por casualidad del examen para traductores de la ONU y me presenté. El examen fue en enero de 1973. Según me enteré después, ese año se presentaron como 1.000 solicitudes de las que se aceptaron unas 500. Terminamos presentándonos al examen cien candidatos. Noventa y nueve con inglés y francés y yo con inglés y ruso. Yo no debía de ser de los peores, pero no me cabe duda de que muchos conocían el inglés igual o mejor que yo y el francés mucho mejor que yo el ruso, pero, como decimos en el Río de la Plata, yo corría con el caballo del comisario: había siete vacantes y eligieron a los seis mejores de los demás y a mí.
 
No bien caído yo a Nueva York, en abril de 1974, se enteraron los intérpretes de que había llegado a la sección española “uno con ruso” e inmediatamente intentaron fagocitarme. La cosa fue tan sencilla como demencial: me mostraron donde estaban las cintas y yo me pasé los momentos libres de tres meses haciendo lo que podía en el laboratorio de idiomas. Suspendí una vez el examen y a la segunda aprobé a durísimas penas. Tenía pasta, pero me faltaba experiencia... y, sobre todo, buena capacitación.
 
De modo que desde marzo de 1975 he sido básicamente intérprete. Tenía francés pasivo bastante fuerte y sólo tuve que acostumbrarme a los acentos. Casi enseguida me picó el moscardón de la teoría y la didáctica e inmediatamente comencé a buscar oportunidades para enseñar. Y aquí, si me permites, me explayo: Comprendí que no hay manera de llegar a ser un intérprete genuinamente bueno si no se ha pasado por la escuela insustituible de la traducción (de la traducción bien entendida, claro). Porque para poder hacerlo rápido pero bien, es preciso primero haberse acostumbrado a hacerlo bien pero despacio, pensando y sopesando problemas y soluciones. Es una gran desventaja al principio: el traductor que se capacita para la interpretación simultánea suele tener el "vicio" del perfeccionismo. Pero el perfeccionismo es un "vicio" únicamente en la medida en que obste a la tarea. Una vez que ese proceso de búsqueda de una solución mejor que la que nos viene inmediatamente a la cabeza se automatiza, el perfeccionista trabado se transforma en alguien que interpreta elegantemente con soltura. Si no se ha pasado por esa escuela, se corre el riesgo de llegar a hacerlo rápido, sí, pero mediocremente. Hay colegas que creen que su tarea termina una vez que han comprendido al orador. ¡Vaya si se equivocan! Ahí no ha hecho más que empezar. No nos pagan para entender sino para que nos entiendan. La inteligibilidad del intérprete es un atributo que muchos subestiman. Dime tú, ¿qué diferencia hay entre no entender al orador porque habla chino y no entender al intérprete porque enuncia mal, va a toda velocidad, no entona, se corrige todo el tiempo y construye unas frases que no comprendería ni su madre? El intérprete que logra decirlo todo sin que se le entienda nada es como un corredor que corre bien pero despacio.
 
En fin, que jamás he dejado de traducir. A mi modo de ver, un intérprete que deja de traducir es como un pianista que deja de hacer escalas. El pianista no puede perfeccionar ni su técnica ni su musicalidad ni su musicología en los conciertos. Yo estoy firmemente convencido de que no se puede mejorar en la cabina si no se practica traduciendo. La preparación terminológica no nos hace "mejores" intérpretes, sino intérpretes mejor equipados para la tarea específica. A mí me da una pena enorme ver a tantos y tan buenos colegas que desde hace años todo lo nuevo que han adquirido son términos, pero que no han refinado un ápice la capacidad de mediar interculturalmente, de adaptar su estrategia al tipo de reunión y de usuarios. Lo interpretan todo igual (bien, sin duda, pero igual), como un pianista eximio que tocara igual a Bach que a Beethoven, lo mismo la música de cámara que en un gran teatro y con orquesta, y sin atender a las características del instrumento. Me atrevo a decirlo públicamente porque desde que soy jefe recae en mí la obligación de velar por la calidad. Lo primero que hice, llegado a Viena, donde no conocía a casi ningún colega permanente o temporero, fue ponerme a escuchar atentamente a cada uno, hasta a los chinos y los árabes en relay. Me pasé veladas enteras analizando pacientemente decenas de horas de grabaciones. ¡Qué ventana magnífica sobre la profesión! Por cierto que algunos --los más susceptibles... y mediocres-- se resintieron y hasta fueron a quejarse a mis espaldas ante la Administración.
 
Cuesta concebir un pianista que jamás se escuche ni de un bailarín que jamás se vea, ¿verdad? Pero ¿cuántos colegas conoces que nunca se han escuchado? Confiesa, ¿te has escuchado tú mismo alguna vez? ¡La primera vez que me escuché casi me muero! Cada vez que excedía cierta velocidad, la voz se me subía a un falsete insoportable; para no hablar de los vicios más irritantes, como las vacilaciones, las autocorrecciones innecesarias, las frases empezadas antes de tiempo y terminadas con toda torpeza, la sintaxis acartonada, el uso abrumador de perífrasis verbales (siempre "formular una propuesta", y jamás sencillamente "proponer") o de verbos nominalizados ("para la solución del problema", y nunca lisa y llanamente "para solucionar el problema"), el léxico insulso, la entonación monocorde... en suma, la absoluta antinaturalidad de la elocución que sigue aquejando a tantos colegas que no son conscientes de ella porque nunca se han oído interpretar.
 
Retomando el hilo, a la semana de escuchar a los demás, comprendí que muchos profesionales no tenían formación teórica ninguna, y que incluso los mejores -que los había estupendos-, procedían a una práctica intuitiva que era imposible verbalizar y, por ende, transmitir. Y como creo que ni a cantar se aprende escuchando cantar ni a nadar mirando nadar no me parecía esta la forma más idónea de aprender: sólo oyendo y mucho menos interpretando a ciegas, “sin guía teórica”. Como te he explicado, me consta perfectamente, porque así lo hice yo. Se puede, sin duda, como que pude yo, pero no es eficiente, y, peor, tampoco es bueno: Yo adquirí vicios de los que ya no puedo desembarazarme.
 
Pero se puede. Porque, ¿quién les enseñó a los fundadores de la profesión? (¿Quién le enseñó física a Arquímedes?) Ahora, si cada uno de nosotros tiene que volver a empezar desde cero ¿cómo vamos a hacer para mejorar colectivamente y desarrollar la profesión? La prueba está en que ahora que proliferan las escuelas -unas mejores y otras, las más, peores-, los jóvenes colegas, al margen de su talento individual, salen mejor formados, con mucha mejor experiencia que nosotros a su edad. Esto me llena a la vez de alegría y orgullo porque los futuros estudiantes de estos nuevos profesionales van a ser todavía mejores que ellos. La profesión todavía no tiene nietos. Los intérpretes que formaron mi generación no tuvieron más remedio que fundar la profesión desde cero, contra la resistencia de tanto intérprete consecutivo de gran panaché que luego pasó al mismo olvido en que el cine sonoro relegó a los actores que no sabían hablar. Ya entre los de mi generación aparecen los grandes fundadores de la teoría y la didáctica (no puede haber didáctica en el vacío teórico): La redoutable Danica Seleskovitch y su espléndida prole parisina, que tanto y tan bien han influido en la manera como interpretan los intérpretes modernos. Ya tenemos ahora una generación de pedagogos que han sido formados teóricamente ellos mismos. Los muchachos y chicas que están estudiando ahora no tienen idea de cuánto se les ha hecho el campo orégano. Y es bueno que así sea, porque ellos tienen que ser mejores que nosotros. Si no, la profesión se habrá estancado. Claro que la formación no es sustituto de la inteligencia ni del don natural, que lo que natura non da, Salamanca non presta. O sea que intérprete, como violinista, se nace, pero luego hay que hacerse; que haber nacido es indispensable, pero no basta.
 
2.¿Sigues trabajando en cabina? ¿Por qué y con qué frecuencia?
 
En Viena muy poco, y no tanto porque el trabajo administrativo me lo impida -que me lo impide bastante- como por no abusar del colega, porque siempre termino llegando tarde a la cabina. Aprovecho, de todos modos, para ponerme en cabina cada vez que hay un agujerito o cuando nos vamos en bandada a Ginebra en el verano. Porque, me imagino, no hay nada mas peligroso que un jefe de intérpretes que se ha olvidado de interpretar... excepto uno que no ha interpretado nunca. No sólo para mantenerme en forma, sino para no perder de vista jamás las legítimas reivindicaciones profesionales y simplemente humanas de los colegas. Sobre todo ahora, que el nuevo orden geopolítico que, en nombre de una eficiencia "abstracta" (bien que muy concreta para sus poquísimos y riquísimos beneficiarios), desprendida de las necesidades concretas del ser humano concreto, cuya satisfacción debiera ser el único norte y el único motor de la economía, se ha tornado tan hostil para quienes, como los intérpretes, no tienen para vender más que su fuerza de trabajo.
 
3. No sólo eres intérprete y jefe de intérpretes sino también autor de innumerables artículos sobre la interpretación y la enseñanza de la interpretación (ver Anexo 1). Además, sueles formar parte del Tribunal examinador de fin de carrera de muchas escuelas europeas. Por eso tu opinión está especialmente cualificada en este ámbito. ¿Crees que un sistema de formación de intérpretes es mejor que el otro: la escuela de ciclo universitario, 4 o 5 años, o el máster después de la facultad?
 
En cuanto a los sistemas de formación, creo que hay dos factores convergentes que conspiran contra la eficacia de la formación de intérpretes a nivel universitario. Por un lado, es un hecho que para ser un mediador realmente idóneo hace falta madurez intelectual y de vida que sólo pueden dar una formación intelectual rigurosa y los años. Por estas dos razones, gente como Danica Seleskovitch, sus parisinos y tantos otros, sostiene que la interpretación debe ser una formación de posgrado. Yo estoy de acuerdo, pero no en la premisa implícita de que cualquier formación da lo mismo. Para ser psiquiatra también se necesitan formación académica y años, pero esa formación académica no se adquiere ni en la facultad de derecho ni en la de ingeniería ni en un conservatorio. ¿Por qué pedirle al mediador que se forme primero en cualquier otra disciplina? Sin duda que ser abogado ayuda en cabina, pero no en un congreso de médicos, donde sin duda ayuda ser médico, cosa que, por otra parte, no sirve mucho en una conferencia sobre tecnología satelital. Para interpretar no hace falta ser ni médico ni abogado ni odontólogo ni nada más que intérprete. Esa formación rigurosa y esos años el mediador debiera pasarlos en una facultad de mediación donde lo formen con el mismo rigor con el que en la escuela de medicina forman a los médicos. Así como en la de medicina sales generalista y después te especializas como oncólogo, en la de mediación debieras salir mediador y luego, por ejemplo, te haces intérprete simultáneo.
 
La interpretación o, mejor dicho, la mediación en general no me parece una profesión más fácil que otras, y de hecho no ha de serlo si no está tan mal pagada. ¿Porqué entonces hemos de pensar que se puede estudiar en menos tiempo o como estrambote de otra cualquiera? ¿Quién se pasa seis o siete años estudiando odontología porque lo que verdaderamente quiere es ser intérprete de conferencia? Los náufragos de otras profesiones -y conste que yo soy uno de ellos- no tenemos ninguna garantía de tener vocación para esto (aunque a algunos nos salga razonablemente bien). En Moscú, recuerdo, la Facultad de Lengua y Literatura donde estudié era el refugio basurero en el que terminaban todos los que habían fracasado en las facultades más técnicas. Hace unos años se presentó ante la ONU como candidato para temporero un físico nuclear "trilingüe" (¡sic!). Yo me pregunté: si yo no me meto en su ciclotrón, ¿por qué quiere él meterse en mi cabina? Y seguí preguntándome, ¿qué clase de físico nuclear (¡y trilingüe por añadidura!) querría abandonar sus átomos para meterse a interpretar en la ONU? Y me respondí: un físico al que la física no le gusta, o que no es muy buen físico, o las dos cosas. Y me seguí preguntando, entonces, ¿dónde está escrito que un físico sin vocación o simplemente malo pueda ser buen intérprete, por más "trilingüe" que se crea? Ya es hora de que nuestra profesión deje definitivamente de ser lo que debió ser al principio: la Legión Extranjera de los profesionales multilingües, donde hemos venido a parar todos aquellos que tenemos un pasado académico que olvidar. Pero para poder exigir que sólo quede habilitado para practicar la profesión quien se haya capacitado específicamente, es preciso primero que las escuelas lo sean de veras, no como tantas que dan títulos mendaces que ni remotamente habilitan al pobre estudiante que cree haberse graduado de intérprete.
 
4.¿Qué opinas de la enseñanza de la interpretación consecutiva en las Escuelas de interpretación? ¿No crees que se le dedican demasiadas horas cuando después apenas se practica en la vida real? ¿No estás de acuerdo en que esas horas de más se podrían dedicar al perfeccionamiento de la simultánea o a aprender una lengua más?
 
Tengo una visión singular de la interpretación consecutiva. Nunca la he hecho, lo cual demuestra que no es imprescindible. Pero, como te decía, tampoco estudié jamás interpretación, lo cual también demuestra que no es imprescindible. A mi juicio, no se trata de si es imprescindible sino de si es eficaz, y yo, que nunca la he hecho, digo a los cuatro vientos que es un instrumento didáctico invalorable, aunque en la vida real jamás haya que hacer una consecutiva. Los buques escuela de todas las marinas son veleros, aunque ese velero sea el único buque de vela de toda la marina, porque a navegar, lo que se dice navegar, sólo se aprende así. La importancia decisiva de la consecutiva es múltiple. Por un lado, tiene la gran ventaja de que, al separar la comprensión de la elocución, resulta menos exigente que la simultánea. Es neurofisiológicamente “más fácil”. Pero intelectualmente es mucho, muchísimo más difícil.
 
5.Explícate, Sergio, que no se te entiende…
 
Pues porque separada la comprensión de la producción, la comprensión queda solita en su alma. Solamente en una consecutiva se ve si el estudiante entiende o, sobre todo, si piensa. El grave error de muchas escuelas es que hacen de la consecutiva un obstáculo eliminatorio. La consecutiva pone a prueba la memoria a mediano plazo, que en simultánea no tiene mayor importancia (como que yo la tengo espantosa y eso no me obsta para ser un intérprete simultáneo bastante bueno). La consecutiva debe ser eliminatoria únicamente en la medida en que revele errores estructurales de análisis y de comprensión, es decir que revele que el estudiante no tiene las condiciones esenciales del mediador: saber entender a cualquier hablante y poder hacerse entender por cualquier interlocutor. Lo demás es pura cuestión de reflejos condicionados o de astucia en la toma de notas.
 
Es decir, si los problemas de mediación no se pueden superar despacio mucho menos se podrán superar rápido. Pero, repito, como el tipo de memoria que entra en juego es diferente, si el problema no es de comprensión y análisis sino de toma de notas y memoria, poco importa, porque con seguridad que el estudiante jamás volverá a hacer una consecutiva después del examen. Voy a citar un ejemplo para que quede más claro: recuerdo una vez que formaba parte de un tribunal examinador de fin de carrera. En mi texto, decía que con tantos buenos músicos argentinos como hay repartidos por el mundo, se podrían formar por lo menos tres orquestas tan numerosas como la Filarmónica de Viena. Hete aquí que un estudiante dijo que la orquesta de la Argentina tenía el triple de músicos que la Filarmónica de Viena. O sea que sólo prestó atención a la cifra: tres, y a los nombres propios: Argentina, Filarmónica de Viena; ¡porque de eso tenía que acordarse!, y eso anotó. No hizo ningún esfuerzo por entender: ni siquiera le llamó la atención que pudiera haber tanto violinista rioplatense suelto por el mundo. Esa persona no será intérprete jamás en su vida, por mucha memoria que desarrolle o reflejos que llegue a reacondicionar. Yo no concibo cómo esa escuela a) admitió a tal estudiante, b) no se lo sacó de encima al cabo de un año y c) tuvo la irresponsabilidad capital de permitirle que se presentara a examen.
 Cuántas veces nos ha tocado mordernos la lengua en cabina porque creemos haber oído algo ilógico o dislatado (porque siempre es mejor callarse que decir una tontería: la alternativa a una buena interpretación jamás puede ser una interpretación mala, sino ninguna, o sea el silencio). Al buen médico no se le puede exigir que no se le muera ningún paciente sino que se le mueran pocos. Todos nos equivocamos. Lo grave no es no comprender bien, o cometer un contrasentido, o, incluso, decir una barbaridad. ¿A quién no le ha pasado? Lo grave, lo inadmisible es decir cualquier disparate sin siquiera darnos cuenta de que es absurdo, porque revela o falta de inteligencia o negligencia absoluta... o las dos cosas.
 
No estoy muy convencido de que las lenguas se puedan aprender en la escuela, al menos, no para interpretar. Sí estoy convencido de que, con muy pocas excepciones, en la mayoría de las escuelas no se da toda la cabina que debiera darse. Pero no me parece que sea porque se da demasiada consecutiva sino porque la carrera es demasiado corta. En cuatro años es imposible sacar un intérprete. Puede que haya gente excepcionalmente dotada que acaso no necesite ni siquiera ir a la universidad, aunque lo dudo. ¡Pero si de las facultades de medicina sólo salieran médicos excepcionales, no alcanzarían para curarnos a todos! Lo grave no es tanto que haya una desproporción, que la hay. Y no es remediando esa desproporción que se remedia el problema. Aún así seguiría sin haber tiempo suficiente en cabina. Por otra parte, lo que veo en algunos exámenes a los que asisto es que la consecutiva, como te decía, no se enseña bien.
 
6.¿En qué sentido?
 
En que el hincapié no se hace en lo que verdaderamente sirve para después, para la cabina: la capacidad de análisis que es, necesariamente, de escucha selectiva, separando el trigo de la paja en función de la pertinencia del discurso del orador para el destinatario. Un análisis que no debe ser únicamente de lo que dice el orador, sino de lo que hace o quiere hacer diciendo lo que dice y no diciendo lo que no dice y de por qué, para qué, por qué de esta manera y a quién se lo hace, y quién le paga. Como que también hay que indagar quién escucha al orador y quién al intérprete, por qué, para qué, con qué interés y quién le paga. No en el sentido venal de que lo sobornen sino de quién paga al embajador, al juez, al experto, pues no son simplemente personas sino que representan instituciones, fuerzas sociales; y lo que dicen lo dicen por eso y como tales. Si no entendemos eso, no hemos entendido más que palabras, aunque hayamos entendido todas las palabras y podido traducir. No es para decir palabras que los delegados van a las conferencias en las que nos toca mediar. Muchos colegas lo comprenden y les basta para desempeñarse con toda idoneidad. Pero los profesores tienen que saberlo, porque si no, no lo pueden explicar ni enseñar ni inculcar ni juzgar.
 
7.Una pregunta que te parecerá evidente pero que no lo es para muchos estudiantes y que me la hacen muy a menudo, los que no son intérpretes. ¿Lo sabes todo en ruso? ¿Te encuentras trabajando con términos desconocidos y, en ese caso, como reaccionas?
 
¿Si lo sé todo en ruso? ¡No lo sé todo en castellano! Además, el ruso es un idioma que admito -con vergüenza mezclada con pena- que voy perdiendo poco a poco porque tengo un pasado tan maravilloso asociado con ese idioma; y es como si no hubiera querido tocarlo más para no arruinarlo. Cuando me encuentro con términos desconocidos -que nos pasa a todos con todos los idiomas-, hago lo que todos: Por lo pronto, la mayor parte de las veces no hace falta entender la palabra para entender el concepto, es más, a veces hasta entorpece. Otras veces, no hace falta entender el concepto para que lo entiendan los interlocutores (uno se queda sin saber, pero ellos, que son especialistas, se enteran igual). Hay, sí, algunas veces, muy, muy pocas, en que lo que no entendemos nos impide hacernos entender y ahí, pues una de dos, o uno admite su ignorancia, o miente. A veces una, a veces otra. Según la importancia que me parezca que tenga la honestidad; y no solamente para salvar mi propio pellejo -que es una motivación atendible- como porque el intérprete no puede darse el lujo de perder la confianza del usuario. Como el médico, cuyo paciente tiene que creer a pies juntillas que lo va a curar. A veces, es preferible no mentir, sino omitir, con la esperanza de que luego se me ocurra, o recuerde, o el colega me lo diga. La mayor parte de las veces que no entiende uno algo es porque el delegado se sale con un martes y trece, como decimos en mi tierra, con algo que no tiene mucho que ver con lo que se está tratando. Pero en esos casos, por definición, ese martes trece no es demasiado pertinente.
 
8.He tenido la oportunidad de leer uno de tus últimos artículos sobre la “nueva teoría de la traducción” que por cierto es bastante densa. Me llevó bastante tiempo leer una sola hoja y tuve que volver constantemente a lo leído para enterarme más o menos. ¿Puedes comentar brevemente que representa esa “nueva teoría de la traducción” sobre la que escribes en tus últimos artículos y hablas en tus conferencias y sobre la que trabajas con otro intérprete de cabina española, Mariano García Landa?
 
Pues puedo comenzar por lo que te acabo de decir, que los participantes en los actos de habla no son individuos aislados sino que representan -consciente o inconscientemente, bien o mal, honrada o venalmente, sincera o hipócritamente- fuerzas sociales, y no hablo ni de la Comisión Trilateral, ni de partidos políticos ni de la mafia. El funcionario de inmigración que entrevista a un solicitante de asilo representa a un estado. Y el solicitante de asilo es el producto de las fuerzas sociales de su país, representa un problema sociohistórico global aunque quizás no lo sabe. El médico que está en su hospital ante un paciente extranjero también representa un estado, una institución, una profesión, una ética. La teoría de mi maestro, Mariano García Landa -que yo he hecho mía, aunque soy consciente de que no acabo de comprenderla en toda su transcendencia epistemológica, y que en algunos aspectos prácticos he ayudado a desarrollar- dice fundamentalmente dos cosas: que el habla es un intercambio de percepciones hablísticas en que el contenido proposicional, pragmático y afectivo que queremos comunicar o comprender se expresa en unidades lingüísticas, y que ese intercambio de percepciones en que se conjugan contenido proposicional y habla se da siempre en una situación social concreta, que se organiza en función de los conocimientos, la cultura, la experiencia y la práctica social de los interlocutores. Esta teoría dice que la percepción hablística y las palabras con que se verbaliza son cosas diferentes, y que los interlocutores se comprenden (directamente o mediante nosotros) cuando comprenden lo que quieren decirse (para lo cual no basta haber comprendido las palabras, y, a veces, tampoco es totalmente necesario), y que para ello recurren, como todos los seres humanos, a sus conocimientos lingüísticos y extralingüísticos, de la cultura, de las prácticas sociotextuales, del "mundillo" pertinente al acto de habla. Dice que la producción y la comprensión del sentido es siempre ad hoc, en función de la situación e interlocutores concretos. Y dice que el intérprete es un hablante como todos los demás, pero más especializado, que comprende como los demás y se hace comprender como los demás: en situación concreta, entre interlocutores concretos que aplican para comprenderlo y comprenderse sus conocimientos pertinentes y su inteligencia.
 
Entre tú y yo que nos hablamos (que comprender es un proceso tan activo como decir, hablan el que dice y el que comprende) no pasan más que diferencias de presión de aire y de ondas electromagnéticas. Lo que yo quiero decirte y que tú entiendas me viene a la cabeza como una percepción. Yo percibo lo que te quiero decir y esa percepción me viene a la cabeza como una especie de amalgama muy fugaz -unos 250 milisegundos- de contenido preposicional y habla. La lengua española que yo tengo en mi cabeza se parece lo suficiente a la tuya para que tú la entiendas, pero no es idéntica. Para que tú me hayas entendido hace falta que tú y yo, los dos, nos ingeniemos para que tú termines percibiendo lo mismo que yo, el mismo objeto social: lo que yo quiero decirte. Al igual que en la percepción natural, las percepciones del mismo objeto -que por definición son diferentes entre sí- son idénticas al objeto. Tu ves tu ordenador, la pantalla, el teclado, lo tienes en las rodillas, y yo sólo veo la tapa. Nuestras fotos mentales del ordenador no son iguales, pero los dos vemos el mismo ordenador. Yo no veo un ordenador parecido sino “ese” ordenador, y por eso podemos hablar de ese ordenador. Sólo podemos hablar de la teoría que yo te explico si los dos vemos la misma teoría. Y así como hay partes del ordenador que yo no veo, hay partes de la teoría que tú no ves y por eso tengo que explicar más. Si vas a la panadería y el panadero te trae un cruasán, te ha entendido mejor que si te trae un martillo, pero no te ha entendido bien. Esa es la comunicación humana y por extensión la comunicación mediada. Si yo estuviera exponiéndote esta teoría en chino, para que tú la entiendas a través de un intérprete, el intérprete también tiene que entendérmela y decírtela, de modo que entendiendo la teoría que él te dice, entiendes tú la que te digo yo. Si yo o él lo hacemos mal, o si tú no pones suficiente empeño y seso, no nos habremos entendido. Ahora bien, entendernos no quiere decir ponernos de acuerdo. Tú puedes no estar de acuerdo en lo que yo digo, pero tu desacuerdo sólo es válido si me has entendido. Podemos discutir sobre la calidad de ese ordenador si estamos hablando del mismo ordenador. Es decir que la identidad perceptual entre querer decir y entender no ha de equipararse con el efecto que produce la percepción. A ti te gusta, a mí no; a ti te emociona, a mí no; para ti es nuevo, para mí es trivial; pero vemos lo mismo. Y para eso nos pagan, no para entender sino para que nos entiendan. Porque la única forma que tienen de entender al otro es entendiéndonos a nosotros.

9.Sergio, mis alumnos de la escuela de interpretación y muchos colegas se quejan de que no hay nada escrito sobre la interpretación. Quizás lo hacen por vicio porque sólo con lo que tú has escrito casi hay suficiente. ¿Qué consejo darías a los estudiantes que desean leer algo sobre la interpretación y no saben dónde o qué buscar, revistas, libros, etc.? ¿Qué tres libros o artículos les recomendarías?
 
Hay mucho escrito, muchísimo; menos de lo que debería, pero mucho más de lo que la gente cree. Sin ir mas lejos, escrito por mí. Hay cosas mejores, unas más claras que otras, más pertinentes, más accesibles, de valor práctico o teórico mayor o menor que otras, pero hay muchísimas. Más aún, hay dos revistas especializadas en interpretación: The Interpreters’ Newsletter, de la Universidad de Trieste, e Interpreting, de St. Jerome Publishing, amén de muchos libros. Lo que ocurre es que como la profesión se esta tornando en disciplina recién ahora (y perdón por el argentinismo), existe la intuición de que o la teoría no sirve o simplemente no existe, de que es imposible o inútil teorizar. El hecho es que los traductores e intérpretes leen tanto sobre traducción e interpretación como los zapateros sobre calzado. Pero se ha escrito y se escribe mucho de valor práctico inmediato o mediato, aunque no todo por desdicha. Recomendaría a todos los siguientes libros:
 
DELISLE, Jean: (1984) L'analyse du discours comme méthode de traduction, Presses de l'Université d'Ottawa, 282 pp.
LVOVSKAJA, Zinaida D.: (1997) Problemas actuales de la traducción, Serie Granada Lingüística, Granada, 138 pp.
SELESKOVITCH, Danica y LEDERER, Marianne: (1989) Pédagogie raisonée de l'interprétation, Paris, Didier Érudition, 281 pp.
 
10. ¿En qué consiste tu trabajo de Jefe del Servicio de Interpretación de la ONU en Viena?
 
En caer antipático a tirios y troyanos. En ser para los intérpretes un maldito administrador y para los administradores un condenado intérprete. En velar por ofrecer el mejor servicio al menor costo posible (para la administración y los usuarios) y en velar por el estricto respeto de las condiciones de trabajo escritas y no escritas, por la dignidad del intérprete y de la profesión (para los colegas). Sin haber sido jamas freelance y sin haber tenido por ende nada que ganar con ello, me ufano de ser desde hace casi 25 años miembro de la AIIC y de haber sido uno de los primeros en contribuir al fondo de defensa de la profesión cuando la FTC (Federal Trade Commission) de los Estados Unidos la acusó de prácticas monopolistas y la conminó a abandonar toda norma atinente a las condiciones no pecuniarias de trabajo. No abundo más, porque fue una decisión muy controvertida. Quienquiera se interese no tiene más que consultar los boletines de la AIIC.
 
11.A pesar de que el árabe y el chino son lenguas oficiales de la ONU, he observado que estas lenguas no están cubiertas en las otras cabinas, francesa, inglesa, española y rusa. No sé si sucede lo mismo en las otras sedes de la ONU como Ginebra y Nueva York. Cuando hay una intervención en una de estas lenguas, los intérpretes de estas dos cabinas trabajan de su lengua materna hacia francés o inglés. ¿Es verdad que el gobierno chino exige que solamente los chinos traduzcan el chino? ¿Acaso no hay intérpretes de ninguna cabina que puedan interpretar el chino? Si es así, eso constituiría otra prueba más de la dificultad de nuestra profesión y de la rareza de ciertas combinaciones…
 
El problema de la cabina española es el hecho de que en nuestros países -últimamente menos en España, pero sobre todo en España hasta hace 25 años- pocos hablaban idiomas. Es más, la mayoría de los bilingües y trilingües se encontraban sobre todo en América Latina a raíz de la emigración. Basta con consultar los Premios Nobel traducidos directamente al castellano para darnos cuenta del problema (a lo mejor me equivoco con alguno, pero no con la mayoría): ni Milosz (polaco), ni Hamsun (noruego), ni Pasternak (ruso), ni Mafud (egipcio) han sido traducidos directamente al español. Si no hay traductores de estos idiomas, ¡cuanto menos intérpretes! El árabe se hace idioma internacional hace poco más de veinte años. Los intérpretes de cabina española que tienen árabe, ¡son árabes! Para el chino, además, no hay mercado multilingüe suficiente ni tradición: la ONU nunca ha estimulado a sus intérpretes a aprender chino ni ha buscado contratar intérpretes con árabe y chino pasivos. No me consta que el Gobierno Chino exija -o continúe exigiendo, si lo hacía- que al chino interpreten sólo chinos, pero el hecho es que se da la paradoja de que la china es la única cabina onusiana que interpreta para una sola delegación. En cuanto a la cabina española, hasta del ruso se puede decir que somos un puñado, diez a lo sumo (hablo de los multilingües internacionalmente reconocidos). Y estamos hablando del ruso, ¡por el amor de Dios!, y no del húngaro o del vietnamita. Nuestro desarrollo cultural ha ido detrás y sigue de la mano de nuestro desarrollo económico. Sólo a raíz de su incorporación a Europa y de su desarrollo concomitante empieza España a necesitar, poder formar y producir intérpretes y traductores en masa. La enorme mayoría de los intérpretes de cabina española salida al mercado en los últimos años viene de España, mientras que los intérpretes de mi época éramos casi todos sudacas expatriados.
 
Por otra parte, el desarrollo del mercado no basta. El mercado no puede generar intérpretes de la noche a la mañana. No ha de tardar en aparecer, supongo, la generación de intérpretes con la combinación español-japonés y ya vendrá la de español-chino. Por supuesto, los primeros serán japoneses y chinos que sepan español, porque son países más poderosos y porque tienen idiomas menos universales.
 
En América Latina, los intérpretes no han sido, en cambio, producto del mercado sino de la inmigración: el mercado se los encontró ya nacidos como Atenea del costado de Zeus. Vinieron de regalo, nadie los compró. Yo soy un caso típico: aprendí los idiomas por ser argentino de determinada extracción social, porque había escuelas inglesas de primera y mis padres quisieron y pudieron costearme la mía. Otros se formaron en las alemanas y francesas, mas no para ser intérpretes.
 
La dificultad de la profesión tiene también mucho que ver con las combinaciones lingüísticas y su abundancia o escasez. Para poder interpretar no basta "saber" los idiomas. Hay que saberlos a fondo, y hay que saber mediar simultáneamente. Y, por cierto, hay que saber varias lenguas. Debe de haber muchas personas que serían capaces de interpretar del griego al castellano, pero no tantas que lo puedan hacer del griego y del inglés y del francés. La interpretación simultánea se nutre, básicamente, del mercado multilingüe (y por eso enmascara la interculturalidad).
 
12.¿Cuál es el porcentaje de intervenciones en cada una de las lenguas oficiales de la ONU en sus reuniones de Viena?
 
Yo diría que del inglés quizás el 80 u 85%, directa o indirectamente, porque como tú sabes se habla en árabe o en chino y la interpretación casi siempre sale en inglés. Eso en las reuniones con interpretación. En las reuniones sin interpretación, el 100%. Y luego francés y español. Ruso hay relativamente poco y chino nada. Esto en el contexto de la ONU donde la enorme mayoría de los delegados no puede hablar su lengua. No olvidemos que ni el francés ni el inglés son la lengua nativa de los marroquíes o de los nigerianos. ¿En qué habla el sueco, el nigeriano, el portugués, el tailandés, el brasileño, y muchas veces, el argentino, el mejicano, el costarricense o incluso el francés? Y es que saben (o creen) que si hablan inglés todos les entenderán. Consideran la interpretación “un mal necesario”, porque solamente enfrentados a un orador espeluznante comprenden que es mejor una buena interpretación en lengua nativa que un mal original en lengua extranjera o incluso nativa de alguien que no la habla bien.
 
13.¿En qué se diferencia, en tu opinión, el trabajo habitual de interpretación en la ONU si se le compara con el de otras organizaciones?
 
De otras organizaciones tengo muy poca experiencia. Lo que sí conozco son las organizaciones del sistema de la ONU, como la FAO, la OACI, etc. Entiendo -por lo que me cuentan y porque voy a seminarios internacionales y enseño en varias escuelas de traducción e interpretación (Trieste, Forli, Vic, Bruselas, Bradford, La Habana, Buenos Aires, Viena y alguna otra que se me olvida)- que la experiencia europea es mucho más rica, mucho más variada y mucho más genuina. ¿En qué sentido? Allí todo el mundo habla en su idioma y no hay un intérprete para cincuenta sino en todo caso al revés, como los chinos en la ONU. Nuestro trabajo, sobre todo en las organizaciones mas politizadas, requiere un menor esfuerzo de mediación. Nosotros somos mucho más invisibles, tanto que muchas veces no sólo no se nos ve sino que ni siquiera se nos oye. Aunque para mí el verdadero trabajo de mediación es el del intérprete dialógico o comunitario. Nosotros -y seguramente también en la Unión Europea- difícilmente estemos tratando asuntos de vida o muerte. Sí, la situación de Ruanda es de vida y muerte, pero no la dirimen los intérpretes. En cambio, que el refugiado pueda quedarse en un país, que el médico pueda comprender los síntomas del hijo de la inmigrante analfabeta, que el acusado inocente pueda ser exculpado, depende directamente del intérprete.
 
14.Pero ese no es el intérprete de conferencias…
 
En efecto, no lo es. El mercado ha creado una estratificación profesional que, a su vez, refleja una estratificación social. Últimamente, sobre todo en los países escandinavos y en Australia, donde el Estado comprende con mayor claridad la importancia de la mediación no solo interlingüe sino intercultural -que nosotros tenemos muy opacada-, comienza a desarrollarse el trabajo del intérprete comunitario como profesión, e incluso como disciplina, y ya están apareciendo los primeros libros, como el de Cecilia Wadensjö. ¿Por qué digo que tenemos el aspecto de mediación opacado? Porque entre funcionarios internacionales, embajadores o incluso expertos las diferencias culturales pasan a segundo plano. Nosotros casi nunca tenemos que mediar entre interlocutores de diferente origen social y poder, como el refugiado y el funcionario de inmigración, el campesino y el médico, o el drogadicto analfabeto y el juez, con diferencias culturales y sociales casi infranqueables. Como las hay, sin duda, entre el refugiado albanokosovar analfabeto, o casi, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pero esa es una experiencia que nosotros casi no tenemos. Yo no la he tenido nunca. Algunos colegas sí, sobre todo en misiones sobre el terreno, nunca en una sala de conferencias. Es decir, no la han tenido como intérpretes de conferencias sino, precisamente, como intérpretes dialógicos, y el que las haya tenido tiene los ojos mucho más abiertos que yo. Tiene que ser mucho más difícil, me imagino, mediar en esas circunstancias, aunque no haya que tomar notas ni preocuparse por la velocidad. Porque el intérprete comunitario, por ejemplo, tiene casi siempre la responsabilidad tácita de organizar, gestionar y motorizar la comunicación. Y si no, ahí está el magnífico libro de Cecilia para probarlo.
 
15.Este término que estás usando, intérprete dialógico, ¿es el que en otros sitios se denomina “bilateral”, “de enlace” o como dicen en francés “de liaison”?
 
No hay terminología establecida. Me refiero a los intérpretes que no son de conferencias. Están los comunitarios, los que median entre el desocupado y el trabajador social, entre el paciente y el médico, el juez y el acusado, etc, aunque estos últimos ya tienen el nombre de “intérpretes judiciales”. También les llaman “escort interpreters” en inglés o “bilaterales” en español. Lo que ocurre es que, como la profesión todavía no ha terminado de encontrarse ni definirse a sí misma, se mezclan criterios. La interpretación simultánea también se llama de conferencias, pero la simultánea para los medios de comunicación no es de conferencias. O sea que se mezcla la función social del intérprete y el tipo de reunión en que participa con el tipo de esfuerzo cognitivo y neurofisiológico. Desde el punto de vista del esfuerzo, la más difícil es la simultánea, luego viene la consecutiva y la más fácil es la dialógica que no pone a prueba la memoria a mediano plazo ni la simultaneidad de la comprensión y la elocución. Es la que, desde el punto de vista neurofisiológico, puede hacer cualquier niño bilingüe. Pero esa interpretación dialógica, por otro lado, es la que pone a prueba toda la capacidad intercultural y de mediación del intérprete, que muchas veces, como digo, se erige de hecho en organizador visible o invisible de la comunicación.
 
16.Tengo noticias de que no hace mucho se realizó aquí en la sede de la ONU en Viena una sesión de interpretación simultánea de una conferencia que se estaba desarrollando en Ginebra. ¿Cuáles fueron los resultados? ¿Qué opinas de este tipo de interpretación y de sus perspectivas de futuro? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes? ¿Cuáles fueron las conclusiones de los colegas que participaron en la experiencia?
 
No se confundan la llamada video-conferencia con la llamada interpretación a distancia. En la primera, los propios interlocutores están separados. En la segunda, los interlocutores están copresentes, los que faltan son los intérpretes. Se puede hacer, como también se puede correr el maratón con una prótesis. El problema es a qué precio para el intérprete y a qué precio para la calidad de su desempeño. Hay un problema insuperable en la teleinterpretación y no es tanto la ausencia del intérprete de la sala -con lo fundamental que es eso-, como su ausencia de la reunión. No sólo no estás ahí cuando están hablando sino tampoco durante la pausa para el café, ni antes de que empiecen, ni al final. En suma, no estás conviviendo, compartiendo la situación con ellos. Eso es lo fundamental.
 
Pero sí que se puede hacer y razonablemente bien, al menos en cierto tipo de reuniones. De lo que se trata es de negociar a fondo nuevas condiciones, porque es mucho mas estresante que la habitual. Y si te hacen trabajar más, es decir si gastas más energía por unidad de tiempo, que te paguen más o que trabajes menos unidades de tiempo. Las combinaciones son múltiples. Me temo que tarde o temprano se hará. Lo crucial es que la profesión no permita que le impongan un hecho consumado sin haber tenido su voz. En cuanto a las conclusiones de los colegas, te puedo decir que fueron unánimemente negativas.
 
17.¿Qué nos cuentas de la influencia de los problemas presupuestarios de la ONU sobre la contratación de intérpretes? Hace tiempo que no aparece una nueva convocatoria de oposiciones. ¿Contratas cada vez a más o a menos intérpretes? ¿Qué mensaje enviarías desde aquí a los jóvenes que estudian en las escuelas y que sueñan con trabajar para la ONU?
 
Obviamente, la reducción de los recursos disponibles implica una reducción de los servicios. Reuniones que se hacían con interpretación se hacen sin interpretación, las que se hacían con más lenguas se hacen con menos, las que se hacían con mayor periodicidad se hacen con menos frecuencia. Sin duda que los problemas presupuestarios han influido. Pero yo no contrato ahora a menos intérpretes sino a más. Claro, esta es una oficina muy pequeña que tiene muy poca incidencia. ¡No porque yo esté flotando ha dejado de haber naufragio!
 
Por otra parte, el gran mercado no está en la ONU sino en las instituciones europeas. No por casualidad las escuelas serias están casi todas en Europa. En el caso de los países de América Latina, las salidas son al mercado privado, y para éste, es imprescindible el bilingüismo. Difícilmente haya en el mercado privado una reunión con tres idiomas -no hablemos de 15- y difícilmente con interpretación simultánea.
 
18.¿Y qué me dices entonces de los grandes congresos?
 
Son importantísimos y gracias al Gran Manitú se hacen, pero no es lo que da de comer a la mayoría de los intérpretes independientes. Los que pueden darse el lujo de no ser más que intérpretes de conferencia, o sea de no hacer nunca una traducción ni de jamás aceptar un trabajo de intérprete dialógico, los cuentas con los dedos de pocas manos: dos o trescientos en todo el mundo, más no creo. Por eso, a los jóvenes les digo que lo primero es tener una muy buena lengua B, aunque no la usen en cabina. Que la tengan reservada para la interpretación dialógica. Consecutiva no harán seguramente nunca, pero sí que han de tener un racimo de lenguas C.
 
No se puede ser intérprete de cabina española si no se tienen inglés ni francés, pero tampoco se puede serlo teniendo únicamente inglés y francés. Eso es lo básico e indispensable, pero no suficiente. Y esas lenguas deben ser fuertes. A la hora de buscar un intérprete del griego al español, la oferta y la demanda permiten y requieren un menor grado de exigencia, pero ¿quién contrataría un mal intérprete de inglés o francés al castellano habiendo tantos buenos? Como no se pueden saber todas las lenguas por igual, estas tienen que ser verdaderamente fuertes, como también las otras más difundidas en nuestra cabina: alemán, portugués e italiano. Quien tenga húngaro, o finlandés o griego, tiene que afrontar menos competencia. Quien tenga mongol no tiene competencia pero tampoco mucho trabajo.
 
Pero no termina ahí la cosa. Es preciso un conocimiento enciclopédico, todo lo universal que nos permitan nuestra avidez y nuestra memoria. Y no me refiero simplemente a la lectura de los clásicos -que es indispensable- sino de los periódicos, del cine, de la televisión.
 
19.Crees que dentro de 10 años todo seguirá como ahora? Al principio estuvo Nüremberg. Nadie hubiera pensado que poco después en la ONU habría “telefonistas” como les llamaban entonces. Ahora son un elemento más del paisaje en las conferencias y organizaciones internacionales. ¿Qué futuro tiene en tu opinión la interpretación simultánea en la ONU y, en general, en las organizaciones internacionales?
 
No creo que todo siga como ahora. Me parece que van a suceder varias cosas. La Unión Europea va a tener que renunciar al omnilingüismo a ultranza, pero, por otro lado, van a aumentar los idiomas activos y pasivos en cabina. Tarde o temprano van a colarse los de los demás países europeos. Habrá menos reuniones con tantas lenguas, pero se incluirán idiomas que ahora no son internacionales. En la ONU, no sé, no creo que vaya a haber grandes cambios para los intérpretes, pero importa menos, porque ha dejado de ser el principal mercado. Lo que sospecho es que va a haber una explosión en el mercado privado, y que va a ir por el lado de la video-conferencia incluso de la interpretación telefónica. Te veo alzar la ceja, Javier, pero ¡no te digo lo que yo cobraría por hacer una interpretación telefónica o para la TV!
 
20.¿Cuánto, cuánto? Dímelo a mí, que no se lo voy a contar a nadie…
 
Imagínate que un empresario de Toshiba quiere negociar un trato de cientos de millones de dólares con otro de Banelco. Yo ¿qué le cobro? Si ellos saben el dinero que hay en juego, también sabrán lo que tiene que cobrar el intérprete; y si no lo saben, el intérprete lo debe saber. Pero para eso hace falta uno de verdad, no el que comienza la carrera a los 18 con los idiomas prendidos con alfileres y sale a los 20 o 21 con un diploma decorativo. Ese es de chiste.
 
21.Bueno espero que me llame algún día un empresario de Lukoil o de Rosbooruyenie para un negocio de ese tipo… que de ilusiones también se vive. Pero cambiando de tema, en tu opinión, ¿qué cualificaciones debe tener un intérprete de la ONU?
 
Salvo cabina china y árabe, que tienen que tener una lengua B fortísima, un intérprete de la ONU debería tener, por lo menos, tres lenguas oficiales pasivas, y en cabinas china y árabe como mínimo francés e inglés (por ahora sólo se exige uno de los dos, aunque todos los intérpretes jóvenes tienen ambos). También es muy importante una alta calidad de expresión en lengua materna y una profundísima capacidad de análisis. Por no hablar de la conciencia profesional y de la curiosidad por mantenerse al tanto del desarrollo de nuestra disciplina. La profesión tiene una ardua lucha que librar: la de educar al usuario. Y los intérpretes de plantilla tienen dos enormes ventajas: sus contactos directos con la administración y los usuarios, y su relativa inmunidad a los avatares del mercado o los caprichos o la ignorancia de los dadores de empleo.
 
22.¿Qué cualificaciones y cualidades, en tu opinión, debe tener un jefe de cabina de organización internacional?
 
El jefe de cabina, aparte de ser un intérprete eximio, debe saber tratar con la gente. ¿Porqué intérprete eximio? Porque debe saber juzgar la calidad de sus pares. Si yo soy tu jefe, para poder decirte "Javier, quiero que mejores esto y lo otro. Aquí, no lo has hecho muy bien, etc.", tengo que poder hacerlo mejor que tú. Si no, ¿con qué autoridad te lo digo? El jefe de cabina es un jefe de intérpretes en pequeño. El jefe de intérpretes es más administrador, el de cabina más intérprete, pero están relativamente cerca uno del otro. También, tiene que tener don de gentes y haberse ganado la autoridad que administrativamente se le confiere.
 
23.¿Crees posible que un ser humano pueda trabajar desde todas las lenguas oficiales de la ONU a la suya propia? ¿Existe algún caso así, de cinco lenguas a una? (Recordemos que las lenguas oficiales de la ONU son: árabe, chino, inglés, francés, ruso y español y que lo importante aquí no es el número de lenguas porque en la Unión Europea hay más de un intérprete que trabaja desde cinco o más sino la lejanía entre ellas, el hecho de que pertenecen a grupos lingüísticos distintos e incluso que en seis lenguas hay cuatro alfabetos diferentes)
 
No sabría decirte si hay alguien que tenga las seis, pero conozco a varios que tienen cinco de ellas y alguna otra de yapa. Por ejemplo, tengo dos colegas con inglés, francés, ruso, español, árabe y alemán, pero no chino. En cabina inglesa uno y otra en francesa. Ambos están en la ONU y comenzaron su carrera de intérpretes en Viena.
 
24.¿Qué haces cuando no trabajas? ¿Cuáles son tus aficiones, gustos, etc?
 
Estoy muy obsesionado por la teoría y la práctica de la traducción y la interpretación, así que paso mucho tiempo leyendo sobre el tema. Escribo mucho, como sabes, y también enseño y participo en toda suerte de simposios y conferencias profesionales. También me gusta mucho la ópera, viajar, comer, mi mujer (¡sobre todo ella!). Además, hago ejercicios físicos (remo y aparatos) una hora o una hora y media todos los días. Por otra parte, mi segunda gran pasión es la música clásica, seguida a corta distancia del tango.
 
Muchas gracias, Sergio, por concedernos esta entrevista.
 
ANEXO I. Artículos escritos por Sergio Viaggio
 
--(1992) "[A] Few Ad Libs on Semantic and Communicative Translation, Translators and Interpreters", Meta 37:2, pp 278-288.
--(1992) "Translators and Interpreters: Professionals or Shoemakers", in DOLLERUP, C. and LODDEGAARD, A. (Eds.): Teaching Translation and Interpreting..., pp. 307-312.
--(1992) "Contesting Peter Newmark", Rivista internazionale di tecnica della traduzione , pp. 27-60.
--(1992) "Cognitive Clozing to Teach Them to Think", The Interpreters' Newsletter 4, pp. 40-44.
--(1992) "Teaching Beginners to Shut Up and Listen", ibid., pp 45-54.
--(1993) "Lo primero que hay que enseñar", Núcleo 7, pp. 41-62.
--(1995) "The Praise of Sight Translation (And Squeezing the Last Drop Thereout of)", The Interpreters' Newsletter 6, pp. 33-42.
--(1995) "Pero la traducción finalmente de quién es? El traductor y sus ménades", Sendebar 6, pp. 159-174.
--(1995f) "Translators and Interpreters: Can They Be Friends?", Rivista Internazionale di Tecnica della Traduzione 1, pp. 23-32.
--(1996) "The Pitfalls of Metalingual Use in Simultaneous Interpreting", The Translator 2:2, pp. 179-198.
--(1996) "The Tribulations of a Chief Interpreter", FIT 1996 Vol. 2, pp. 591-601.
--(1996) "Can Discourse Analysis Help Us Translate", Third Seminar on Translation Theory & Applications, pp. 61-88.
--(1996) "Elementary, My Dear Colleague! Educating Our Students' Guesses", The Interpreters' Newsletter 6, pp. 57-72.
--(1996) "Research in Simultaneous Interpretation. An Outsider's Overview", The Interpreters' Newsletter 6, pp. 73-84.
--(1996) "La formación permanente del traductor: una necesidad apasionante", Sendebar 7, pp. 287-302.
--(1997) "Kinesics and the simultaneous interpreter: The advantages of listening with one's eyes and speaking with one's body", in Poyatos, F. (ed): Nonverbal Communication and Translation, John Benjamins, Amsterdam, pp 283-294.
--(1997) "Translation and Interpretation: Essence and Training Basics", in Translation at the United nations..., pp. 207-247.
--(1998) "Puede el intérprete mejorar el original? La eterna cinchada entre las normas de expectativa y profesionales", Idiomanía 6-65, pp. 4-10.
--(1998) "Enseñar a entender al otro para hacer que el otro entienda, solo que todo a la vez" en GARCÍA IZQUIERDO, Isabel and VERDEGAL, Joan (eds.): (1998) Los estudios de traducción..., pp. 101-112.
--(1998) "The Landa+Viaggio general theory and models of translation and interlingual intercultural mediation", TEXTconTEXT12=NF 2:177-211.
--(1999) "The Overall Importance of the Hermeneutic Package in Mediated Interlingual Intercultural Communication. (With the García Landa-Viaggio Models thrown in for Good Measure)", Proceedings of the international seminar Training Translators and Interpreters: New Directions for the Millennium, Vic 12-15 May 1999. Universitat de Vic, Facultat de Ciencies Humanes, Traducció i Documentació, pp. 85-98.
--(1999) "Miseria y esplendor de volver a decir lo dicho," Idiomanía 8:85, pp. 4-10.
--(1999) "The Teacher As Setter of Professional Norms. Some Thoughts on Quality in Simultaneous Interpretation", in VIEZZI, Maurizio (ed.) Quality Forum 1997..., pp.101-119.
--(1999) "Why Theory When the Phoenicians Made Do without a Compass?", Linguistica Antverpensia XXXIII, pp. 55-72.
 


Leer más: http://www.javierdelpino.at/news/de-entrevista-a-sergio-viaggio-jefe-del-servicio-de-conferencias-de-la-onu-en-viena/

 

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