Introducción

 

INTRODUCCIÓN

Vivimos en la era de la lengua inglesa. Como otras lenguas antes que ella cuyo país de origen tenía la hegemonía regional o mundial (francés, español, árabe, latín, etc), ha exportado sus ideas y sus inventos junto con sus palabras a otras lenguas. Sin embargo, hay varias diferencias entre la influencia actual del inglés sobre otras lenguas y las influencias pasadas de una lengua hegemónica sobre otras. Son las siguientes: (1) su extensión geográfica; (2) la variedad temática en la exportación; (3) el tipo de términos exportados (principalmente, anglicismos crudos y semánticos); (4) la enorme desproporción entre la importación léxica necesaria y la innecesaria y (5) la aceptación de esa influencia por gran parte de la opinión pública de los países receptores y, en primer lugar, de muchos de sus periodistas.

Dos países de lengua inglesa se han sucedido en la hegemonía mundial: el Reino Unido y los Estados Unidos. La exportación léxica del primer país era hasta cierto punto lógica y racional. La del segundo no lo es. En este momento, Estados Unidos es la única superpotencia mundial en casi todos los ámbitos de actividad humana. Su lengua es la lengua franca mundial. Nadie discute la hegemonía del inglés. Lo que no se impone, no repele. La mayoría de las noticias internacionales nos llegan a través del monopolio de las agencias de información en inglés y en su mayor parte están centradas en EE. UU. La inmensa mayoría de las películas que se proyectan en nuestros cines han sido producidas en ese mismo país y lo mismo ocurre con las películas o series de la televisión. En cuanto a la música, basta con poner la radio o entrar en una tienda de discos para comprobar que lo que oímos o lo que vemos está en su mayoría en lengua inglesa. Es normal que ante una presión de ese tipo de la lengua inglesa y abocados a transmitir un mensaje original inglés en otra lengua, unos cometan errores de traducción y otros decidan importar el anglicismo crudo.

Nunca ha habido tantos contactos entre personas de distintas nacionalidades como en la época en que vivimos gracias a la velocidad del transporte aéreo y a las comunicaciones modernas (correo electrónico, teléfono fijo y móvil). Nos relacionamos gracias al turismo, las organizaciones internacionales, los grandes congresos, el comercio, las competiciones deportivas, etc. y la mayoría de las veces en inglés. La ciencia y la técnica evolucionan. En el siglo XX y en la primera década del XXI se han multiplicado los inventos y ha nacido la informática. La lengua de la ciencia y de las nuevas tecnologías es el inglés y la mayoría de los científicos escriben sus artículos en esa lengua. La investigación, la fabricación, la distribución de todo tipo de productos y su publicidad se hace principalmente en inglés. En las organizaciones internacionales se usan lenguas diversas y a pesar de que en teoría hay interpretación simultánea y servicio de traducción, la mayor parte de los documentos se producen en inglés, no todos se traducen y en las reuniones el idioma más hablado es el inglés. En inglés no solo hablan los oradores nativos sino también a menudo muchos otros cuya lengua nativa no es el inglés a pesar de que su lengua también sea oficial en las conferencias. En esas mismas organizaciones, se celebran muchas reuniones solo en inglés y toda la burocracia trabaja en inglés. Casi todos los deportes practicados a nivel internacional son de origen anglosajón y también lo es su terminología que ha sido importada sin modificar o traducida a las demás lenguas. Los mensajes publicitarios cuando no son solo en inglés, son una mezcla de inglés y lengua nacional. El inglés es también la lengua de la mayor parte de las producciones musicales importantes de nuestra época y del cine que se proyecta en versión original o traducida en nuestras grandes y pequeñas pantallas. El monopolio lo tiene EE. UU.. En Occidente, la prensa que escribe en lenguas distintas del inglés está orientada hacia el mundo anglosajón y principalmente hacia Estados Unidos. Gran parte de la información que reproduce, y no solamente la de la sección Internacional, trata de forma directa o indirecta sobre Estados Unidos: su cultura, su cine, su deporte, su sociedad, su ciencia o su tecnología. En la prensa apenas se habla de otras culturas o pueblos: el ruso, el chino, el árabe, el indio, etc. El inglés es la lengua de las agencias de noticias más importantes y la prensa se nutre en su mayoría de informaciones en lengua inglesa. Los corresponsales en el extranjero reciben el material para sus artículos o reportajes principalmente en inglés y la mayoría de ellos se desenvuelve habitualmente en su trabajo cotidiano en inglés independientemente de su país de residencia. En resumen, todas las lenguas van a remolque del inglés y dependen de ella como lengua modelo. Estamos rodeados de inglés por todas partes y ese hecho no puede dejar de tener influencia sobre los hablantes de otras lenguas.

Es indudable que contar con una lengua internacional es de gran ayuda. Uno puede viajar a cualquier país del mundo y comunicarse con la población local, leer los nombres de las tiendas en esa lengua internacional, la señalización de las calles, etc. Leer prensa y obras científicas en inglés,  poder comunicarse en todo el mundo en una lengua que entienden muchos son los beneficios de la mundialización aunque no alcancen a todos. Quizás más que mundialización, habría que denominar a este fenómeno inglesación o angloamericanización puesto que esos beneficios de la época en que vivimos no llegan a todas las lenguas sino que colocan a una por encima de todas las demás. Tampoco hay reciprocidad en ese fenómeno: esa presunta mundialización no ha servido para que las culturas se conozcan mejor unas a otras sino para fomentar la expansión mundial de la cultura anglosajona, de sus mercancías y de su léxico.

En resumen, Estados Unidos es el principal país de lengua inglesa en el mundo y su influencia lingüística es de tres tipos: (1) por exportación de anglicismos crudos innecesarios; (2) por errores de traducción y (3) por sustitución de la lengua nacional por su propia lengua. Estados Unidos es el principal país productor de nuevas ideas y nuevas cosas y los exporta a los demás países junto con sus nombres. Esos nuevos términos a veces son traducidos y a veces no. Muchos de los no traducidos no corresponden a nuevas ideas ni a nuevas cosas. Sin embargo, son importados a pesar de que existen equivalentes en todas las lenguas. Las razones son diversas y las consecuencias sobre las lenguas y culturas de los pueblos importadores son negativas. Si en el pasado la importación lingüística era obra de especialistas o de diplomáticos y escritores y siempre se ha importado léxico extranjero para colmar lagunas o para designar nuevos objetos e ideas, en este momento cualquiera puede importar léxico inglés, los importadores más importantes son algunos periodistas y se importa cualquier término por razones muy diversas. Se ha llegado al punto de que, a veces, el inglés sustituye a  la lengua nacional en empresas, señalización, conferencias internacionales, etc. Ese es el  tipo de influencia más grave de una lengua sobre otra: la sustitución pura y simple.

Sin embargo, no hay que olvidar que no todos aprenden con facilidad lenguas extranjeras y que hay muchas personas inteligentes y grandes profesionales en su especialidad, incluidos presidentes de gobierno, que no han podido aprender esa lengua con un nivel aceptable. Creemos que no se debe exigir a ningún ciudadano saber inglés para vivir en España o en cualquier otro país que no sea de lengua inglesa si ese ciudadano no puede o no quiere aprender la lengua inglesa. Al contrario de lo que muchos piensan el inglés, como cualquier otra lengua, es una lengua difícil de aprender  si no se comienza a temprana edad, y la mayoría de los que creen dominarla no lo han conseguido y lo que hacen es chapurrearla. Según un estudio[1]del Eurobarómetro de la Comisión Europea realizado con datos de febrero-marzo del 2012, publicado en junio de este mismo año y titulado “Los europeos y sus lenguas” (el cuadro que figura más abajo contiene datos de ese estudio), salvo los neerlandeses, menos de la mitad de los ciudadanos de los países estudiados entienden un periódico en inglés. Aun en los Países Bajos, un 28% de la población no entiende un mensaje escrito en inglés. Sin embargo, en su propio país (y por supuesto también en todos los demás estudiados) se les exige entender una lengua extranjera: el inglés. A este cuadro, se podrían añadir los datos del Instituto Nacional de Estadística de la Federación de Rusia (INEFR)[2] según el cual un 4,86% de la población de ese país tiene un nivel aceptable de comprensión oral y escrita en lengua inglesa. El INEFR[3] muestra una población de 142.857.000 en el año 2010, de los que 6.955.315 hablan y entienden inglés. Esta cifra, en nuestra opinión, es mucho más cercana a la realidad que la del Eurobarómetro.

Cuadro I: Conocimiento de la lengua inglesa en 5 lenguas europeas

 

 

España

Francia

Italia

Países Bajos

Rusia

Habla inglés

22%

39%

34%

90%

 

Entiende noticias en inglés

40%

41%

35%

75%

 

Entiende un periódico en inglés

42%

43%

36%

72%

 

Se comunica por escrito en inglés

36%

36%

36%

62%

 

 

¿Son creíbles los datos del dato anterior? ¿Quizás los encuestados eran todos funcionarios internacionales? No olvidemos que la información se ha obtenido por sondeo y no por examen, que en algunos países las generaciones anteriores estudiaban francés en la enseñanza obligatoria y no inglés, y que no es fácil entender un periódico (comprensión escrita) y mucho menos un telediario (comprensión oral) por lo que, en nuestra opinión, sus datos son más que optimistas: son irreales. El que suscribe duda mucho que un 40% de los ciudadanos españoles sea capaz de entender un telediario de un país de lengua inglesa o un periódico escrito en esa lengua. Cualquiera puede hacer la prueba con 10 miembros de su familia de todas las edades: abuelos, padres, tíos, primos, hijos. No todo el mundo tiene las mismas dotes congénitas o talento natural para ciertas actividades en este caso el aprendizaje de lenguas extranjeras ¿Qué porcentaje de la población es capaz de pintar un cuadro, arreglar un coche o tocar bien el piano aunque haya estudiado durante varios años alguna de esas actividades?  ¿Podríamos afirmar que cuatro de diez de nuestros familiares entienden un telediario inglés o leen un periódico entendiéndolo todo? Evidentemente, una cosa es entender un correo electrónico o mantener un breve diálogo con un camarero en un restaurante extranjero o con el personal de un aeropuerto fuera del país propio y otra entender un periódico de calidad en lengua inglesa o unas noticias de la BBC. El inglés empieza a sustituir al francés en las escuelas españolas a finales de la década de los setenta del siglo pasado. Supongamos, con un margen de error tolerable, que los nacidos antes de 1960 no estudiaron inglés en la escuela española y que se puede suponer que no entienden un telediario en inglés o un periódico pues para ello el conocimiento de esa lengua debe ser muy alto. Por la misma razón, habría que descartar a la población menor de 16 años. Según datos del censo de la población española del 2010 del Instituto Nacional de Estadística[4], de los 41.439.006 españoles censados, 6.934.283 tenían menos de 16 años y 12.558.678 más de 55 años de lo que se deduce que la franja de edad situada entre los 16 y los 55 asciende a 21.946.961 españoles. De las cifras anteriores podemos concluir que es imposible que la mitad de la población española tenga el nivel de inglés que apunta Eurobarómetro. ¿Es creíble que la otra mitad lo tenga? Lo dudamos.

Por esa razón, el desconocimiento de la lengua inglesa por gran parte de la población, la importación léxica desmesurada del inglés y sobre todo la sustitución de una lengua por otra en ciertos ámbitos y en algunos países supone una barrera infranqueable para muchos y los margina en su propio país. Más que influir, la lengua inglesa avasalla.

Eso no es todo: lengua y cultura están íntimamente relacionadas. Creemos que la importación léxica desmesurada lleva al deterioro de las lenguas y las culturas nacionales puesto que una lengua no es solamente un vehículo de comunicación. Refleja una historia, una civilización, un sistema de valores y contiene los elementos de una concepción del mundo y de una cultura. Las lenguas son maneras de sentir, imaginar y pensar. Por eso no se ve el mundo de la misma manera cuando se pasa de una lengua a otra. Por medio de la lengua expresamos nuestros sentimientos. La lengua transmite la cultura, la tradición. ¿Podemos imaginar un poema español, una crónica de toros o un proverbio con anglicismos crudos? La lengua es el vector de la cultura y nadie niega que una y otra van de la mano. De hecho, todas las autoridades culturales de las lenguas estudiadas y también de la inglesa lo proclaman abiertamente. La Alliance Française de Francia se presenta en su ciberpágina (alliancefr.org) como “Institución de enseñanza de la lengua francesa y de difusión de la cultura francesa en numerosos países”; el British Council(www.britishcouncil.org) del Reino Unido afirma “difundir la cultura británica y el patrimonio más atractivo del Reino Unido: la lengua inglesa, el arte, la educación y su modo de vida y organización social”; en su ciberpágina, la Società Dante Alighieri de Italia escribe que tiene como objetivo principal  “tutelar y difundir la lengua y cultura italiana en el mundo (....) por medio de la organización de cursos de lengua italiana pero también de diversas actividades culturales en todos sus aspectos: arte, música, deporte, cine, teatro, moda y literatura”; también existen en numerosos países del mundo Institutos de Lengua y Cultura Rusa que organizan clases de lengua rusa y numerosas actividades como exposiciones de pintura o fotografía, conciertos de música y actividades literarias. El Instituto Cervantes (www.cervantes.es) proclama en su ciberpágina que su función es promocionar el español y las lenguas cooficiales de España, y difundir la cultura de los países hispanohablantes.

A simple vista, la situación en España no parece ser tan negativa. En otras palabras, el inglés no parece estar a la orden del día en nuestro país e influir sobre todos los ámbitos de la vida cotidiana como sucede en otros países. Aún así y con menor intensidad, también afecta a la lengua española peninsular. En los últimos años, hemos observado un incremento inaudito de anglicismos crudos innecesarios en las páginas de los principales periódicos españoles. También hemos empezado a oírlos aunque en mucha menor medida en los telediarios de TVE donde antes ni siquiera se oían. Junto a la importación de anglicismos crudos, se cometen errores de traducción que introducen confusión y ambigüedad en los textos escritos y desorientan a los lectores. Todo ello sucede a pesar de la existencia en España de una Real Academia de la lengua española, de su diccionario panhispánico de dudas que, entre otros, propone alternativas a anglicismos crudos y de que prácticamente todos los periódicos importantes hayan editado libros de estilo en el que un lugar importante lo ocupan glosarios de inglés innecesario con equivalentes españoles.

Esta tesis es la primera parte de nuestro trabajo de investigación. En ella, intentaremos averiguar cómo ha afectado la influencia del inglés a cuatro importantes lenguas europeas: el francés, el italiano, el neerlandés y el ruso. Investigaremos las causas y consecuencias de esa influencia en cada una de esas lenguas. Analizaremos la reacción social y gubernamental ante esa influencia y, por último, las  medidas que se han tomado en defensa de esas lenguas y si han tenido éxito. Nuestro contacto con esas lenguas nos ha permitido saber que, a simple vista, la influencia del inglés es mayor y más intensa sobre ellas que sobre la española. El objetivo final es conocer de primera mano cómo se han defendido de la influencia negativa del inglés sociedades y gobiernos extranjeros y poder aplicar las recetas que han tenido éxito en otras lenguas a la nuestra sin cometer los errores que se han cometido en las primeras.  Esto último no se ha hecho hasta ahora.

¿Por qué hemos elegido estas lenguas y no otras? En primer lugar, porque el que suscribe es intérprete de conferencias y tiene esa combinación lingüística. El conocimiento de esas cuatro lenguas y de la inglesa servirá de gran ayuda en la investigación y lectura de toda la literatura pertinente sobre el tema. En segundo lugar, porque dos de esas lenguas tienen importancia mundial y las otras dos, por razones que exponemos con más detalle más abajo, serán muy útiles a efectos comparativos.

Según Ethnologue[5], el francés y el ruso ocupan el puesto nº 16 y el nº 8 por número de hablantes nativos en la clasificación mundial y se hablan en 60 y 30 países respectivamente. No es ese el único mérito de esas dos lenguas ya que se cuentan entre las seis primeras del mundo por su importancia política. El francés, ha sido la primera lengua del mundo durante siglos y todavía es hoy día la segunda lengua de la diplomacia y las relaciones internacionales, y está implantada en los cinco continentes. Se trata de una lengua que se ha caracterizado por su lucha frente al inglés gracias a sus numerosas organizaciones de defensa del idioma entre las que destacan las famosas comisiones terminológicas ministeriales francesas encargadas de la producción de neologismos nacionales para sustituir anglicismos, y la Oficina de la lengua francesa de Quebec que se dedica a lo mismo y a otras tareas. Además, el francés es la lengua en la que más literatura y experiencia hay sobre el tema. Por su parte, el ruso fue durante décadas la lengua de uno de los dos bloques que dominaron el mundo y aún hoy día se cuenta entre las diez primeras lenguas del mundo además de ser de uso obligado en casi todas las grandes organizaciones internacionales y hablada como primera lengua por 144 millones de personas en Rusia y por 125 millones como segunda lengua en las antiguas repúblicas soviéticas, lo que hace de ella la cuarta lengua más hablada en el mundo. Las dos son lenguas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas y de muchas otras organizaciones internacionales. El ruso sigue siendo la lengua oficiosa de los países que integraron el bloque soviético, al menos mientras siga viva la generación que está en el poder en este momento. Por último, tanto el francés como el ruso son lenguas que cuentan con escuelas de enseñanza primaria y secundaria en casi todos los países del mundo.

 El italiano y el neerlandés ocupan también un lugar importante en la clasificación  mundial por número de hablantes nativos (19º y 42º respectivamente) pero para fines de nuestro estudio, lo más importante es que la primera es una lengua romance hablada en tres países europeos y muy cercana al español. Por consiguiente, un conocimiento detallado del fenómeno en la lengua italiana nos permitirá sacar valiosas conclusiones en defensa de la lengua española. El neerlandés, por su parte, es la lengua oficial de dos países europeos: Bélgica y Países Bajos. Es una lengua germánica muy próxima al inglés y no solo por su cercanía geográfica, lo que favorece la comparación.

¿Qué aporta de nuevo esta tesis? En primer lugar, según nuestros datos, hasta ahora no se ha comparado la influencia del inglés sobre cuatro lenguas importantes en Europa y en el mundo en sus causas, consecuencias, política lingüística y reacción social. A pesar de que abunda la literatura sobre anglicismos (en particular en lengua francesa), que nosotros sepamos no existe un estudio comparado de la influencia del inglés sobre otras lenguas salvo English in Europe de Manfred Görlach publicado en el 2002 por Oxford University Press. Muy acertadamente, la reseña de la editorial indica que esta obra describe “la invasión del inglés en Europa desde 1945. Distinguidos lingüistas europeos hablan sobre las palabras y expresiones inglesas que han entrado en sus idiomas…” Görlach es también autor del DIE (Diccionario de anglicismos europeos)[6] publicado en el año 2001.La reseña de la editorial dice que “contiene el conjunto más actualizado y exhaustivo de palabras británicas y angloamericanas importadas por las lenguas principales de Europa. De modo que esta obra no es un estudio comparado sino un glosario de anglicismos. Basándose en datos del DIE, Bogaards afirma en su On ne parle pas franglais del año 2008 que el español es una lengua tan anglizada como el francés y el italiano y la sitúa, numéricamente, prácticamente al mismo nivel que esas dos lenguas. Bogaards (2008:69-70) nos presenta un cuadro de inglesación de 5 lenguas europeas basándose en datos del Dictionary of European Anglicisms de 2001 en el que incluye la cifra de anglicismos y su grado de integración en la lengua nacional y declara que hay más anglicismos aceptados (475) en la lengua española (léase en los diccionarios) que en la francesa (450) y que su cifra no está muy lejos de la de las lenguas italiana (775), alemana (725) y neerlandesa (900). Además añade que los anglicismos en circulación en la lengua española (1.525) (léase en prensa) son apenas unos pocos menos que los de las lenguas francesa (1.650) e italiana (1.600) aunque bastantes menos que en las lenguas alemana (2.450) y neerlandesa (2.100).

Gracias a nuestro contacto con las lenguas francesa, inglesa, italiana, neerlandesa y rusa tenemos la impresión subjetiva, que intentaremos demostrar con hechos y cifras en esta tesis, de que esas cifras no corresponden a la realidad, que la lengua española está mucho menos anglizada que todas las anteriores. Esa será nuestra segunda aportación. Es una impresión que nos hemos formado tras la lectura diaria durante años de prensa en las cuatro lenguas que vamos a analizar y tras la audición de telediarios en esas lenguas. En cuanto a las obras de Görlach mencionadas, no son comparables a lo que pretendemos hacer en esta tesis puesto que la primera es una compilación de datos de lingüistas nacionales sobre la influencia del inglés en sus lenguas y la segunda un glosario. Lo que nosotros pretendemos presentar es una instantánea de la influencia del inglés sobre cada lengua, una comparación entre lenguas y un corpus de anglicismos en cada una de ellas.

En tercer lugar, no tenemos conocimiento de que se haya realizado un estudio comparado de anglicismos en corpus de prensa de varias lenguas ni de que se haya establecido el porcentaje de anglicismos sobre el total de palabras distintas como haremos en esta tesis. Sí que se han hecho estudios de anglicismos en lenguas concretas. Uno de los más conocidos es el estudio de Forgue (1980:69) en 1977 en 12 ejemplares del diario Le Mondeen el que llegó a la conclusión de que el porcentaje de anglicismos en la lengua francesa ascendía a un 0,6% no existe ningún otro estudio similar que sepamos ni en Francia ni en otras lenguas. En nuestra tesis, analizaremos al menos uno de los periódicos más vendidos en cada uno de los países estudiados, contaremos el total de anglicismos crudos y el de palabras que aparecen en el periódico elegido excluyendo sus repeticiones para averiguar el porcentaje real de los primeros en ese periódico. En cuarto lugar, para poder comparar la influencia del inglés sobre las lenguas analizadas y sobre la española, presentaremos datos inéditos en España: cifras de anglicismos crudos y de errores de traducción en un corpus de tres años (1998-2000), en un corpus de tres meses (2008) y en un corpus de un día (2012) de los diarios El Mundo y El País. No tenemos noticias de que hasta la fecha se haya realizado un recuento de anglicismos en un corpus de tres años (2.190 periódicos) o en uno de tres meses (180 ejemplares) como haremos nosotros. Los datos conseguidos nos permitirán sacar conclusiones valiosas sobre la evolución en el empleo de anglicismos en los periódicos españoles y nos permitirá comparar la situación española con la de las otras lenguas analizadas. En quinto lugar, compararemos las cifras de anglicismos en los diccionarios de uso de varias lenguas. Creemos que con todos los datos anteriores, se puede presentar un panorama real de la influencia del inglés y sugerir medidas de corrección.

Como vamos a analizar cuatro lenguas, nuestra tesis estará dividida en cuatro capítulos ordenados alfabéticamente: anglicismos en francés, anglicismos en italiano, anglicismos en neerlandés e anglicismos en ruso. El primero estará subdividido en tres partes: Francia, Bélgica y Canadá.

Como norma general, salvo adiciones específicas en función del capítulo y con un orden que no será siempre el mismo, cada uno contendrá los siguientes apartados básicos: influencia del inglés a través de la historia e influencia actual; estadísticas de anglicismos en circulación; causas de la influencia; consecuencias de la influencia; política lingüística; organismos públicos y privados de defensa de la lengua; opinión de lingüistas y de ciudadanos sobre la influencia del inglés; influencia del inglés sobre la prensa y corpus propios de anglicismos en diarios nacionales; soluciones encontradas en cada país en defensa de la lengua nacional y conclusión parcial. Como salvo contadas excepciones toda la bibliografía estará en francés, neerlandés, italiano y ruso, nos encargaremos personalmente de la traducción de todo el texto procedente de esas lenguas que incluyamos en la tesis.

Nuestra tesis no es una tipología de anglicismos por lo que salvo referencias obligadas en cada capítulo nos remitimos a las dos grandes clases esbozadas por Emilio Lorenzo: anglicismos crudos e anglicismos semánticos. “Los anglicismos crudos son aquellas palabras o expresiones que mantienen en español la grafía inglesa y un reflejo de la pronunciación originaria más o menos fonético” (Lorenzo, 1987:77). “Los anglicismos semánticos son voces españolas que por  su semejanza formal con otras inglesas reciben de este idioma acepciones que no poseían”. (Lorenzo, 1987:78). Nuestra perspectiva es la del intérprete y traductor, la de un especialista en lenguas cuyo trabajo consiste en transmitir en español el mensaje oral o escrito que oye o lee en otra lengua. Durante el ejercicio de nuestra profesión hemos podido comprobar que los dos errores más comunes en esa actividad son el error de traducción y la ausencia de traducción. Sobre el segundo todo está claro: consiste en el empleo de un término extranjero innecesario en un discurso español o en cualquier otra lengua a pesar de que exista equivalente español. Al primero se le puede llamar de maneras diferentes pero no por ello deja de ser un error de traducción. La variedad más nociva para la lengua afectada es el anglicismo semántico. Precisamente, estas son las dos maneras en que más a menudo se manifiesta la influencia del inglés sobre otras lenguas aunque, por supuesto, admite muchas otras formas. Por ejemplo, cada vez se ven más frecuentemente correos electrónicos con un encabezamiento seguido de una coma (como hacen los anglosajones) en vez de dos puntos (como siempre se ha hecho en español). También se ven a menudo mensajes escritos en los que falta el signo de apertura de exclamación o el de interrogación. También estos dos últimos ejemplos son anglicismos pero no nos vamos a ocupar de ellos en esta tesis ni de otros tipos de anglicismos, etc, sino de los que más abundan: los anglicismos crudos y los semánticos. También hablaremos, como hemos dicho, de la forma más extrema de influencia: la sustitución de una lengua nacional por el inglés. Pasamos ahora a describir con detalle qué investigaremos en cada apartado y a qué preguntas nos proponemos dar respuesta.

Comenzaremos cada capítulo haciendo un breve repaso general de la historia de la lengua que corresponda y de las influencias lingüísticas que ha recibido. A continuación, estudiaremos con detalle la influencia del inglés sobre esa lengua a través de la historia y nos centraremos en su evolución desde el final de la Segunda Guerra Mundial puesto que consideramos que 1945 es la fecha de inicio a escala planetaria de la influencia del inglés norteamericano y de la introducción masiva de anglicismos innecesarios en otras lenguas. Se suele pensar que la tecnología y el deporte son los ámbitos donde más abundan los anglicismos. Veremos si es así o si, por el contrario,  son otros los más afectados. Además, en este apartado intentaremos conocer el grado de inglesación de las lenguas estudiadas, si hay muchos o pocos anglicismos en circulación y cuáles son las cifras de anglicismos en los diccionarios de uso más importantes. Del mismo modo que en España hemos oído hablar del spanglish, en las lenguas estudiadas existen el franglés, el italianglés, el neerlanglés y el rusinglis. Definiremos y explicaremos quién utiliza esas lenguas híbridas y contestaremos a preguntas como las siguientes: ¿Es correcto que, como dice una conocida lingüista italiana, se pueda calificar al italiano de lengua democrática porque ha importado tantos anglicismos crudos como las lenguas germánicas y que el español sea una lengua introvertida precisamente por lo contrario? ¿Es cierto como afirman algunos estudiosos de la lengua francesa que no hay motivo para inquietarse pues no hay demasiados anglicismos en la lengua francesa?

Evidentemente, la causa lógica de la importación léxica es llenar una laguna en una lengua, denominar un nuevo objeto o una nueva idea. Sin embargo, ¿sigue siendo esa la única causa de importación o hay otras causas? ¿Hay factores que facilitan o promueven la importación léxica? ¿Son las causas las mismas en todas las lenguas estudiadas? En el apartado “Causas” intentaremos dar respuesta a las preguntas anteriores y además averiguaremos quiénes son los principales importadores y transmisores de anglicismos y cómo justifican sus acciones.

Tras las causas, vendrá un examen de las consecuencias e intentaremos dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Son peligrosos los anglicismos para las lenguas analizadas? ¿Es la importación léxica del inglés en nuestros días un simple hecho lingüístico sin más consecuencias que el enriquecimiento de otras lenguas? O es en cambio, como afirman algunos, una influencia nociva que lleva al empobrecimiento de esas lenguas y provoca numerosos problemas sociales, psicológicos, económicos y lingüísticos? ¿Están los Países Bajos ya colonizados lingüísticamente? ¿Se ha convertido también Rusia en una colonia lingüística del inglés como consecuencia de su derrota en la Guerra Fría contra EE. UU.? ¿Es Italia un protectorado lingüístico estadounidense? ¿Es la lengua francesa capaz de describir el mundo actual sin tener que recurrir al inglés?

En el apartado titulado “Opiniones”, conoceremos la opinión de ciudadanos de a pie expresada en sondeos de opinión y en cartas al director, y sabremos qué opina el pueblo sobre la introducción de anglicismos. Investigaremos si los lingüistas están de acuerdo entre sí sobre las consecuencias de la influencia del inglés y reflexionaremos sobre cuál debe ser su actitud ante el hecho lingüístico más relevante de nuestra época y causa de los cambios más importantes en las lenguas nacionales. Además responderemos a las siguientes preguntas: ¿Consideran los ciudadanos de a pie que los anglicismos son un problema o un enriquecimiento para sus lenguas? ¿Entienden la mayoría de los ciudadanos el inglés que leen en sus periódicos o que leen y escuchan en anuncios publicitarios?

A nadie le son indiferentes las cuestiones lingüísticas: ni a los profesionales de la lengua ni a la población en general. Los hechos lingüísticos tienen consecuencias, a veces muy graves. Pensemos en Cataluña y en el conflicto entre castellano y catalán;  en Bélgica y en el conflicto entre neerlandés y francés; en Canadá y en el conflicto entre francés e inglés o en Ucrania y en el conflicto entre ruso y ucraniano. En periódicos y revistas a veces se leen artículos y opiniones en defensa de la lengua nativa pero pocas veces se da la palabra al pueblo al que se suele atribuir un papel protagonista en los cambios lingüísticos. De hecho, al pueblo se le suele atribuir la responsabilidad en la aceptación o rechazo de un neologismo y en la evolución de las lenguas. Nosotros creemos que en nuestra época el protagonista más importante en los cambios lingüísticos es la prensa escrita seguida de la publicidad comercial.

En el apartado titulado “Política lingüística”, estudiaremos cómo han reaccionado los gobiernos de los países estudiados ante la influencia del inglés. Todos los estudiosos de la lengua saben que en Francia hay una política lingüística cuya razón de ser es la defensa de la lengua francesa frente a los anglicismos crudos y cuya actuación principal es la creación neológica con el fin de encontrar equivalentes a los anglicismos técnicos y científicos. En este apartado, la analizaremos con todo detalle y estudiaremos los organismos gubernamentales franceses de defensa de la lengua y el trabajo concreto de las famosas comisiones terminológicas ministeriales. Contestaremos entre otras a las siguientes preguntas: ¿Han tenido éxito en su labor? ¿Son los sustitutos que proponen soluciones aceptables? ¿Los usan los periodistas y el pueblo? ¿Se importan ahora menos anglicismos en francés que cuando no existían esos organismos? Además, estudiaremos la situación en la región canadiense de Quebec donde también hay una política lingüística de defensa de la lengua francesa desde la década de los sesenta del siglo pasado. Investigaremos si hay o no política lingüística en Italia, Bélgica, Países Bajos y Rusia. Sabemos que en la Italia de Mussolini hubo una política lingüística de defensa de la lengua italiana. ¿En qué consistió? ¿Funcionó? ¿Por qué se suprimió?

En nuestra época, la prensa escrita es el escenario donde aparecen por primera vez ante la opinión pública términos procedentes de otras lenguas. Por la variedad de los temas que trata, la prensa acoge en sus páginas no solo a la lengua común sino también a las lenguas especiales. Por todo lo dicho, la prensa es el mejor lugar para estudiar los cambios que se producen en una lengua y para encontrar los anglicismos crudos que se han importado. No en vano los lexicógrafos extraen de la prensa la mayoría de los neologismos que incluyen en los diccionarios.

Analizaremos con detalle el papel de la prensa en las lenguas estudiadas para confirmar nuestra tesis: la prensa escrita es la principal introductora, difusora y legitimizadora de anglicismos crudos y semánticos a pesar de que tengan equivalente en otras lenguas y responderemos a las siguientes preguntas: ¿Influye verdaderamente la prensa sobre la competencia lingüística de los lectores? ¿Son la prensa y la publicidad los principales canales de transmisión de anglicismos a las lenguas estudiadas como afirman algunos? ¿Cuántos anglicismos crudos se emplean en un diario de calidad? ¿Qué porcentaje de anglicismos sobre el total de palabras contiene un diario? ¿Es ese porcentaje el mismo en todas las lenguas estudiadas? ¿Influye por igual el inglés sobre todas las lenguas analizadas puesto que todas ellas tienen acceso a los mismos anglicismos? En caso contrario, ¿por qué influye más el inglés sobre unas lenguas que sobre otras? ¿Están los periodistas preparados para desempeñar el papel de maestros de la lengua? ¿Existen guías de redacción o libros de estilo en los periódicos de las lenguas analizadas como en los españoles? En caso afirmativo, ¿respetan los periodistas las prescripciones de esos libros de estilo?

Para poder responder con fidelidad y precisión a las preguntas anteriores, además de analizar literatura sobre el tema, entrevistaremos a periodistas de algunas de las lenguas estudiadas y conoceremos su opinión sobre la introducción de anglicismos, confeccionaremos corpus propios de anglicismos crudos en uno o dos de los diarios más vendidos de las cuatro lenguas y averiguaremos cuántos anglicismos crudos aparecen en cada ejemplar. Con esas cifras y conociendo el total de palabras distintas (o sea, descartando del total de palabras todas sus repeticiones), podremos calcular el porcentaje real de anglicismos en cada periódico. A continuación, compararemos los datos con los de la prensa española. Confeccionaremos tres corpus: uno de tres años; otro de tres meses y otro de un día de los diarios El País y El Mundo que son los más leídos en España. Completaremos nuestros estudios con varios corpus de anglicismos en televisión para demostrar que no es la televisión, como se suele pensar, la responsable de la introducción de anglicismos sino que simplemente actúa de gran pantalla de resonancia cuando esos anglicismos crudos innecesarios están verdaderamente arraigados en el idioma.

En la conclusión general, presentaremos un breve resumen de los distintos apartados de que se compone esta tesis, añadiremos nuestra opinión personal y responderemos a las preguntas que hemos hecho en la introducción.

 

CONCLUSIÓN

Imaginemos una España en la que la línea aérea de bandera se llame Spanish Airlines y en sus vuelos, la carta de comidas y bebidas esté solo en inglés; el aeropuerto internacional de la capital se llame Madrid Airport, la publicidad comercial en todo el recinto aeroportuario esté solo en inglés, la señalización interna del aeropuerto también esté solo en inglés salvo algunas excepciones; en las ciudades los paneles publicitarios estén o solo en inglés o mitad en inglés y mitad en español; los nombres de las tiendas, tabernas y otros establecimientos comerciales sean ingleses, el tendero o camarero atienda al cliente en inglés y este responda en inglés aún siendo los dos españoles; los jóvenes envíen a sus frends invitaciones a drinks partis en pabs, se paseen con camisetas estampadas con palabras inglesas y su jerga contenga un 20% de anglicismos; en la televisión, los anuncios publicitarios estén solo en inglés o mitad en inglés y mitad en español; tres cuartas partes de las películas que se proyectan en los cines y en la televisión sean estadounidenses, no se traduzca su título y contengan anglicismos crudos o estén solo en versión original; se multipliquen en televisión los programas de elevada audiencia con nombre inglés;  los músicos den nombres ingleses a sus grupos, compongan y canten en inglés; la mayor parte de la música que se ofrezca por las emisoras de radio sea anglosajona; en cada periódico haya entre 150 y 300 anglicismos crudos y otros tantos errores de traducción del inglés; alguna ley se publique en el Boletín Oficial del Estado en inglés y oficinas de atención al público como Correos tengan ventanillas con rótulos en inglés; los estudiantes de algunas carreras universitarias tengan que aprender enormes cantidades de vocabulario en inglés porque no existe equivalente en español; gran parte de las titulaciones universitarias y todos los posgrados de las universidades se den en inglés; los científicos españoles escriban sus artículos en inglés y cuando hablen o escriban en español abunden los anglicismos crudos en sus discursos; la mayoría de los nombres de puestos de trabajo y de profesiones tengan nombre inglés; las ciberpáginas de las grandes empresas estén solo en inglés, las reuniones de sus consejos de administración se celebren en inglés, las comunicaciones internas se realicen en inglés y el informe anual se escriba en inglés; los diplomáticos o funcionarios españoles en organizaciones internacionales intervengan en inglés en sus reuniones multilingües aunque el español sea lengua oficial y haya servicio de interpretación simultánea; los políticos o los funcionarios de la administración del estado empleen a menudo anglicismos en sus discursos; en el Congreso de los Diputados se proponga que el bachillerato se enseñe íntegramente en inglés y al mismo tiempo se aprueben leyes de defensa del idioma; ciudadanos indignados porque no entienden los periódicos del país y por la omnipresencia de la lengua inglesa en España se agrupen en asociaciones de defensa de la lengua española, escriban manifiestos y cartas a políticos, a la RAE, al Gobierno de la nación y al Parlamento; se incorporen anualmente unos cien anglicismos al diccionario de la lengua española; la presión del inglés afecte también a los niños por medio de la publicidad en carpetas, mochilas y cuadernos y los lemas turísticos publicitarios de algunos ayuntamientos estén en inglés. En tal caso, cabría hacerse varias preguntas: ¿En qué país vivimos? Si el inglés es tan útil y necesario, ¿ por qué no sustituir la lengua española por la inglesa y decretar que la enseñanza primaria, secundaria y universitaria y la de la Administración del Estado sea el inglés?

Lo anterior es una mezcla de lo que sucede en las lenguas estudiadas. ¿Es eso lo que queremos en España? Creo que ningún español diría que sí públicamente y afortunadamente no es esa la situación actual en España aunque parte de lo leído más arriba sea ya una realidad en  nuestro país y todo parezca indicar que vamos de camino hacia ese futuro. En todo caso, cabe hacerse una pregunta: ¿cómo se ha llegado a una situación así en Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Canadá y Rusia y qué podemos hacer para evitar que pase lo mismo en España? Intentaremos contestar a esa pregunta y a otras como: ¿qué sucedía en el pasado? ¿por qué se importaban extranjerismos y quién lo hacía?

La importación lingüística es un fenómeno habitual en la historia de las lenguas y nadie lo discute. En el pasado se importaban extranjerismos para dar nombre a nuevas ideas o nuevos objetos. En casos excepcionales, se empleaban extranjerismos por razones estéticas. Los importadores eran principalmente intelectuales.

Hoy día se discute lo que se debe o lo que no se debe importar y cuánto se puede importar. Gracias a los medios de comunicación de masas y a Internet cualquier persona puede importar una palabra de una lengua a otra y el léxico más importado es el de la lengua inglesa. El inglés ha influido prácticamente sobre todas las lenguas del mundo y gracias a la superioridad de la primera potencia del mundo sobre todos los demás países en casi todos los ámbitos de la vida se importan anglicismos de todo tipo, necesarios e innecesarios. Nunca antes se habían empleado en un solo ejemplar de un periódico de calidad que leerán cientos de miles de personas 300 anglicismos crudos diarios como sucede en Italia. Además, cualquier ámbito de las lenguas nacionales es susceptible de contener anglicismos puesto que cualquier anglicismo puede ser importado ya que el inglés es la lengua modelo en todos los ámbitos y de ella se nutren casi todos los productores de información escrita y oral. Sin embargo, la lógica nos dice que lo importado debería ser lo nuevo, las palabras que designan nuevos conceptos o nuevos objetos, y que la importación léxica debería restringirse principalmente a ciertos ámbitos como la ciencia y quizás la sociedad, pero la práctica muestra que se importa cualquier término, necesario o innecesario por razones muy diversas. Por consiguiente, podemos afirmar que la exportación léxica del inglés a otras lenguas en nuestra época no tiene precedentes en la historia de la humanidad por su extensión geográfica, por la variedad de los transmisores de anglicismos y porque se puede importar cualquier palabra que esté en el diccionario de la lengua inglesa y no solo las que corresponden a nuevas ideas o nuevos inventos aunque existan equivalentes en la lengua receptora. Existe pues en nuestros días y desde el final de la Segunda Guerra Mundial un mercado lingüístico desregulado y anárquico en el que cualquiera puede ser importador y puede importar lo que quiera. Además, las autoridades lingüísticas reguladoras se han mostrado impotentes para detener la avalancha de palabras inglesas innecesarias que han entrado en sus idiomas y diccionarios de uso. Algunas ni siquiera lo han intentado.

En nuestra opinión el factor clave que explica la importación masiva de anglicismos innecesarios es la guerra: en primer lugar, la guerra entre Francia e Inglaterra por el dominio de Canadá y en segundo lugar, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. La importación lingüística del inglés a gran escala en los países donde se hablan las lenguas estudiadas es consecuencia directa de la victoria de un país de lengua inglesa en esas tres guerras: el Reino Unido primero y Estados Unidos después.

Es cierto que las cuatro lenguas habían importado anteriormente del inglés como hemos visto en cada capítulo pero había sido una importación lógica, reducida y ordenada y los préstamos habían sido adaptados al genio de la lengua receptora. No sucedió lo mismo después. En Francia, Bélgica, Países Bajos e Italia el fenómeno de importación léxica a gran escala empezó después de la Segunda Guerra Mundial con la llegada de las tropas liberadoras aliadas encabezadas por Estados Unidos que trajeron consigo su modo de vida, su sistema de valores, su cine, la información de sus agencias de noticias y sus artículos de consumo; en Quebec sucedió mucho antes tras la guerra entre Francia e Inglaterra en la que venció el segundo país. Al dominio de la lengua inglesa contribuyó la situación geográfica de Quebec, un enclave de lengua francesa rodeado de un país de lengua inglesa que además tenía como vecino al país más importante del mundo, también de lengua inglesa; en Rusia coincidió con la derrota en la Guerra Fría durante la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado y fue estimulado por la reforma y apertura a Occidente de Gorbachov, el último presidente de la Unión Soviética, y la desaparición de este país en 1991 que vino acompañada del deseo de democracia y prosperidad de gran parte de la población que identificaba sus anhelos de libertad y prosperidad con un país: Estados Unidos. El punto común de todos esos comienzos es la victoria y la “ocupación”. Tropas estadounidenses liberaron Francia, Bélgica, Países Bajos e Italia después de la Segunda Guerra Mundial y EE. UU. comenzó a exportar a esos países todo tipo de bienes de consumo y turistas, a extender su influencia y a ocupar parcelas de soberanía lingüística con parte de su vocabulario o íntegramente con su lengua. La Unión Soviética fue derrotada en la Guerra Fría y desapareció en 1991. Durante la década de los ochenta del siglo XX ya habían entrado en la lengua rusa gran cantidad de anglicismos pero en ese momento entra de golpe todo lo que en otros países había sido importado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ya que se produjeron enormes cambios como consecuencia de la modificación del sistema político y económico de Rusia. Se introdujo la economía de mercado, desapareció la censura y aparecieron nuevas profesiones, se desarrolló la publicidad, se intensificaron los contactos con el extranjero, etc. Esta época coincidió además con la aparición de la informática y con la necesidad de introducir conceptos y terminología “necesaria” inexistente hasta entonces en lengua rusa. En Canadá, el fenómeno empezó mucho antes con el Tratado de París de 1763 por el que Francia cede grandes territorios en Canadá a Inglaterra y el inglés se convierte en lengua oficial sustituyendo al francés.

En este momento, la mayor parte de los nuevos objetos e ideas que se producen en el mundo provienen de Estados Unidos, país de lengua inglesa. Sin embargo, solo una ínfima parte de los anglicismos crudos introducidos en las lenguas analizadas ha sido importada por necesidad de denominar un nuevo objeto o idea y, aún así, muchos de ellos se podrían traducir y de hecho se traducen en algunas lenguas mientras que en otras no. Otra diferencia más frente a la situación anterior es la diversidad de causas que provocan la importación léxica y la inglesación de las sociedades y las lenguas estudiadas. Las causas varían según la lengua pero la mayor parte son comunes a todas ellas: la primera como hemos visto es la necesidad de dar nombre a nuevos objetos e ideas. Las demás pueden dividirse según dos criterios: en primer lugar, pueden ser involuntarias y en segundo lugar, voluntarias. Estas últimas se pueden subdividir en económicas, psicológicas, sociológicas, políticas, estéticas y lingüísticas. Por consiguiente, podemos afirmar que las causas de la importación de anglicismos crudos son múltiples y mucho más variadas que en otras importaciones lingüísticas anteriores cuando las razones eran de necesidad (llenar un vacío en la lengua receptora) o estéticas.

Las causas involuntarias tienen mucho que ver con el hecho de que hoy, al contrario que en el pasado, muchos profesionales de los ámbitos más diversos como periodistas, científicos, diplomáticos, publicistas, deportistas, etc, están en contacto diario con la lengua inglesa y se ven obligados a difundir un mensaje original inglés en su lengua nacional. Sin embargo, la mayoría de esos profesionales no tiene formación de traductor. Una consecuencia de esa ausencia de formación en traducción es que no se traduce por incapacidad o se traduce incorrectamente y se importa cualquier tipo de anglicismo crudo. Otra consecuencia es que se expulsan del uso términos castizos y se empobrecen las lenguas nacionales. Una vez arraigado el error, es muy difícil corregirlo aunque se haya hecho en ciertos casos concretos.

Como hemos dicho, las causas voluntarias son muy diversas. Existen causas políticas que se explican por la voluntad de Estados Unidos y el Reino Unido de extender universalmente su lengua y que están íntimamente relacionadas con las causas económicas. Desde el final de la Primera Guerra Mundial, EE. UU. ha aspirado a imponer su lengua en el mundo. La lengua inglesa consiguió el estatuto de lengua de la diplomacia en 1918 durante la Conferencia de Versalles posterior a la Primera Guerra Mundial cuando EE. UU. se opuso a que los debates fueran solo en francés. Hasta entonces, la lengua de la diplomacia internacional era la lengua francesa. Desde entonces, poco a poco el inglés se ha convertido en la primera lengua de la diplomacia e incluso en las organizaciones internacionales que tienen servicio de interpretación simultánea, todas las reuniones oficiosas se celebran en inglés y el papeleo interno también se hace en inglés. Otra forma de extender la lengua inglesa es por medio del cine. El cine es un importante vector de propagación de la lengua y la cultura de un país y uno de los elementos de penetración del inglés en todas las demás lenguas, sea por medio de películas en versión original, sea por medio de películas dobladas. EE. UU. impuso después de la Segunda Guerra Mundial una cuota de un 30% de películas propias en los cines franceses para que Francia (y muchos otros países europeos) pudieran acogerse a los beneficios del Plan Marshall. La situación ha evolucionado desde entonces en detrimento de todas las producciones nacionales de cine europeas. El cine estadounidense es dominante en todas las pantallas de cine europeas.

Las causas económicas también explican el empleo abusivo de anglicismos. Evidentemente es más fácil y más barato vender productos en la lengua propia que en una lengua extranjera como también es más fácil venderlos en un país que se ha impregnado de los valores socioideológicos propios. Así, la exportación de la lengua abre naturalmente la vía a la exportación de todo tipo de mercancías. La prensa, la televisión y el cine están centrados en noticias, películas y series procedentes de EE. UU.. Los jóvenes europeos conocen ese país como si fuera el suyo propio. La motivación económica también está presente en el empleo de anglicismos en prensa y en la publicidad comercial pues así se atrae la atención del lector. El objetivo final es vender más.

 No son pocas las causas técnicas y lingüísticas que explican el empleo desmesurado de anglicismos crudos: la ausencia de guías de redacción o libros de estilo que unifiquen criterios sobre anglicismos trae consigo la permisividad total que existe en las páginas de muchos periódicos en las lenguas analizadas. Otras causas son la imposibilidad para algunos de traducir el sinfín de términos técnicos ingleses que aparecen a diario en esas lenguas; el desinterés o impotencia de las autoridades, los lingüistas y los lexicógrafos en la defensa de las lenguas nacionales; el conocimiento insuficiente del inglés y de la lengua nacional por profesionales como científicos, informáticos, diplomáticos, periodistas o representantes de muchas otras profesiones que no tienen interés en defender su lengua o son incapaces de hacerlo y traducen sin ser traductores; la presunta brevedad y concreción de la lengua inglesa en la que existen numerosos monosílabos; la renuncia a la adaptación del extranjerismo a la lengua nacional por pereza, incapacidad o por cuestión de principios; la falta de imaginación y creatividad; la ineficacia de las políticas lingüísticas cuando las hay y la inexistencia de organismos de defensa de la lengua que propongan equivalentes nacionales para los anglicismos crudos (salvo en Francia y Quebec).

No menos importantes son las causas psicológicas: una marca comercial extranjera atrae más la atención del lector que una nacional por su exotismo y por esa razón se vende más. Se trata de una estrategia muy explotada en muchas formas de comunicación de masas. Considérense el impacto de las marcas comerciales que suenan a extranjeras y los lemas de sus anuncios. Muchos ciudadanos de cualquier país están convencidos de que la tecnología extranjera es más avanzada que la nacional y los productos extranjeros de más alta calidad. Esta circunstancia se aprovecha a menudo en la publicidad donde los anglicismos crudos se usan con el fin de dar una connotación positiva al producto anunciado. No hay que olvidar la creencia de que el inglés es una lengua superior a todas las demás para expresar ciertos conceptos. La pedantería es otra causa psicológica motivada por el deseo de muchos seres humanos de colocarse en situación de superioridad frente a sus semejantes. En este caso, demostrando sus conocimientos de una lengua extranjera. Un tipo de pedantería es la anglomanía que ha impregnado ciertas capas sociales que consideran más prestigioso o de mejor calidad todo lo que viene de Estados Unidos incluido el idioma puesto que transmite sensación de modernidad y eficacia. La anglomanía es un fenómeno de hipnosis colectiva que  ha provocado lenguas híbridas usadas por ciertos sectores de la población de algunos países que, en el caso que nos ocupa y como hemos visto, han sido denominados franglés (franglais), neerlanglés (Dunglish), itangliano (italiese) y rusinglis (Runglish).  Los usuarios de esas lenguas híbridas son personas que no dominan el inglés y pretenden, introduciendo palabras inglesas en su discurso, realzar su situación social y darse importancia. Muchos de los que no saben inglés y los oyen apenas entendiéndolos los admiran y envidian a la vez. Muchos de los que emplean anglicismos innecesarios les dan un significado incorrecto, los usan fuera de contexto o los pronuncian o escriben incorrectamente. Se usan además por pereza y para impresionar. Ese inglés de moda es en primer lugar la lengua de los managers pero también de políticos, funcionarios, publicistas y sobre todo de los medios de comunicación. Es la lengua de todos los que tienen un interés político, comercial o estratégico para imponerse, para hacer que las cosas parezcan más bonitas, para engatusar a su público. Es a menudo el signo de una elección cultural del hablante: se habla así para demostrar que se sigue la moda, que se está en la onda. No es fruto de un exceso de conocimiento del inglés sino de lo contrario: es fruto de la ignorancia del inglés y de su lengua propia lo que caracteriza a quienes lo propagan. Sin embargo, (recordemos el proverbio: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces) lo que consiguen es que no se les entienda. Curiosamente, los introductores de léxico inglés se justifican con el argumento de que los extranjerismos introducen matices que no se pueden transmitir con recursos de la lengua propia, o sea, ayudan a mejorar la comprensión.

¿Tiene consecuencias negativas el empleo de anglicismos crudos? Evidentemente las tiene. Los lingüistas denominan préstamos a los neologismos importados de otras lenguas, pero los préstamos innecesarios no son gratis. Salen muy caros a las lenguas que los importan. Suponen una hipoteca que se paga a corto, medio y largo plazo con consecuencias lingüísticas, culturales, sociales, psicológicas y económicas.

La influencia del inglés ha sido en las últimas décadas el factor más determinante en la transformación de las lenguas estudiadas que han importado numerosos anglicismos innecesarios incomprensibles no solo para el hombre corriente sino incluso para lingüistas y filólogos. Esos anglicismos han creado desconcierto no solo en la opinión pública en general sino también entre los usuarios directos de la nueva terminología como estudiantes, traductores, periodistas, economistas y otros profesionales. En resumen, la influencia del inglés es más negativa que positiva. La incomprensión de los anglicismos no es propia de hablantes de lenguas lejanas del inglés por su origen como el italiano y más aún el ruso sino también de otras cercanas como el neerlandés. En los Países Bajos, a pesar de la proximidad lingüística del inglés y del neerlandés, y del grado de inglesación del paisaje lingüístico neerlandés, una gran mayoría de neerlandohablantes sigue sin entender gran parte de los mensajes que se les transmiten en inglés. En general, la mayor parte de la población de los países estudiados no tiene un conocimiento de la lengua inglesa que le permita entender todos los anglicismos que caprichosamente emplean los periodistas cuando escriben en sus lenguas nacionales como muestran los sondeos y estadísticas que hemos citado en esta tesis. Eurobarómetro (sin datos sobre Rusia)  muestra que más de la mitad de la población de las lenguas estudiadas no tiene un conocimiento suficiente de la lengua inglesa que le permita entender cualquier texto. A la cola de la clasificación se encuentran países como España e Italia y también Rusia puesto que su Instituto Nacional de Estadística cifra en un 85% la población que no entiende inglés. Sin embargo, el inglés está omnipresente en todos los países mencionados.

Por consiguiente, podemos afirmar que las consecuencias lingüísticas del empleo masivo de anglicismos crudos y de la aparición de errores de traducción por influencia del inglés son las siguientes: la incomprensión del receptor del mensaje y la inestabilidad en la lengua; el deterioro de la lengua por empobrecimiento ya que los anglicismos expulsan a los términos castizos del uso y son cuerpos extraños en la lengua que les acoge ya que no se inscriben en la red de relaciones entre palabras preexistente en esa lengua; la reducción del vocabulario personal en la lengua propia puesto que cuantos más términos angloamericanos se emplean, más términos nacionales quedan relegados al olvido e incluso desaparecen del uso. A lo que hay que añadir que importando anglicismos se desalienta la creación de neologismos en la propia lengua.

Los extranjerismos innecesarios y los errores de traducción son leídos por millones de personas que posteriormente reproducirán esos errores pues quedan grabados en el subconsciente colectivo. De tal modo, los errores de una generación se convierten en la norma de la siguiente. Los anglicismos ajenos al genio de la lengua, los de origen anglosajón y no grecolatino son opacos para los hablantes de lenguas no sajonas e incluso para los neerlandohablantes puesto que en esta lengua los términos de origen francés o grecolatino son mayoría como muestra el Diccionario Etimológico de la Lengua Neerlandesa de Van der Sijs[1]. Los anglicismos son rebeldes a toda operación de comprensión lingüística intuitiva en su significado. La palabra autóctona presenta sobre el anglicismo la ventaja de no solamente nombrar una realidad técnica, sociológica, etc, sino de ayudar a pensarla inscribiéndola en una red de relaciones preexistentes con lo que recurriendo masivamente a los anglicismos se introduce opacidad en la lengua propia aunque se piense que se la enriquece.

La influencia lingüística del inglés no ha sido únicamente de tipo léxico. En todas las lenguas estudiadas, hemos observado que otros ámbitos lingüísticos muy afectados son la pronunciación y la ortografía ya que la correspondencia entre grafía y sonido ha cambiado como consecuencia de la aparición de anglicismos crudos. No se sabe cómo escribir o pronunciar el anglicismo puesto que su grafía y pronunciación se consideran excepciones en las reglas gramaticales de la lengua estudiada y de hecho se pronuncia y se escribe según, alternativamente, las reglas de la lengua nacional o de la inglesa lo que hace que un mismo anglicismo crudo se pronuncie o se escriba de maneras muy diferentes. Además, en el caso del ruso, muchos anglicismos entran en un alfabeto distinto al cirílico: el latino. En el caso del italiano, también se observan otras influencias de tipo no léxico que han afectado a las estructuras básicas del italiano. Por ejemplo, cada vez se usa menos el subjuntivo y están apareciendo nuevas estructuras sintácticas calcadas de las inglesas; existe confusión en torno al género y al número de los sustantivos ingleses; cada vez se usa menos la forma pasiva como consecuencia del uso cada vez más frecuente de la forma verbal progresiva inglesa; se transponen hábitos culturales estadounidenses por medio de errores de traducción como il mio nome è en vez de mi chiamo. En el caso del francés, se observan usos incorrectos como el del posesivo inglés, el empleo habitual de la forma pasiva o el participio de presente, elementos básicos en el inglés, en detrimento de la forma activa y la proposición subordinada francesas.

También son numerosas las consecuencias culturales: la dependencia del inglés como lengua modelo y la pérdida de identidad cultural y nacional; la división de la sociedad entre los iniciados que conocen y pronuncian más o menos correctamente los anglicismos en uso y los que no; el retraso en la divulgación científica pues una lengua que no es apta para describir el mundo deja de cumplir una función de comunicación importante; los errores de traducción, que son probablemente más peligrosos para las lenguas que los anglicismos crudos pues actúan cambiando el sentido de las palabras o modificando su ordenamiento y sus relaciones en nuestra mente y en el discurso. Además, la cultura de las lenguas estudiadas está sometida en todos los ámbitos de la vida moderna a una enorme presión del “modo de vida americano” que entra acompañado del léxico inglés por radio, televisión, prensa, publicidad y cine estadounidense. Es una influencia nociva para todos los hablantes pero más aún para las jóvenes generaciones porque si un adulto culto puede rechazarla, un niño que crece en ese ambiente la asume como propia y se ve apartado de su cultura nacional. La lengua inglesa viene pues acompañada de la cultura estadounidense y de sus normas. La proliferación de anglicismos trastorna la comunicación y la producción de ideas pues la ignorancia de las palabras oscurece las ideas y el enrarecimiento de las ideas claras frena la expresión justa. Por otra parte, si una lengua deja de usarse en un ámbito concreto, y no se producen neologismos en ella, deja de poder explicar una parcela de la realidad. Tampoco se pueden publicar libros de texto sobre esas disciplinas en la lengua nacional para los estudiantes universitarios.

Las principales consecuencias sociales y psicológicas son la confusión, la irritación y el complejo de inferioridad que ha surgido en algunas capas de las sociedades estudiadas al aparecer en prensa, publicidad y televisión anglicismos innecesarios que muchos no entienden y que no aportan nada puesto que ya existen equivalentes nacionales. El anglicismo en los periódicos o en los carteles publicitarios es una ofensa para el ojo que lee; en el discurso televisivo, en la radio y en los espectáculos es una ofensa para el oído: su escritura y pronunciación dependen de reglas extrañas al sistema.

Las sociedades de las lenguas estudiadas se han escindido en dos campos: por un lado, los jóvenes y muchos profesionales (periodistas, economistas, publicistas y especialistas de distintas profesiones en contacto habitual con la lengua inglesa) partidarios de los anglicismos porque piensan que representan la modernidad y aportan brevedad y concisión o por motivos comerciales. Por otro lado, la mayoría de los lingüistas, que no tiene nada en contra de que entren préstamos siempre que lo hagan de forma ordenada y se pueda asimilarlos, y el grueso de la población irritada por el deterioro y la contaminación de su lengua y por no comprender a menudo palabras extranjeras que ven en los escaparates, en los anuncios publicitarios, en las páginas de la prensa y oyen en los discursos de algunos políticos. Estos últimos, los que no entienden, se consideran desplazados y marginados. Los anglicismos crudos provocan rechazo pues son un cuerpo extraño por su forma y pronunciación. Por otra parte, la imagen de una lengua omnipresente, de una utilidad absoluta y que presenta una superioridad abrumadora pone inmediatamente en entredicho la utilidad de las demás: el anglohablante de nacimiento es superior a los demás. Y a esa superioridad contribuyen muchos profesionales que introducen anglicismos en sus discursos en otras lenguas o que recurren al inglés en detrimento de su propia lengua.

Es evidente que también existen consecuencias económicas negativas en las lenguas estudiadas. El inglés se usa en empresas nacionales y multinacionales por escrito y oralmente. Se argumenta que facilita la comunicación y reduce costes. Sin embargo, muy a menudo su uso es contraproducente pues al contrario de lo que afirman los partidarios de la implantación del inglés en todos los ámbitos de la economía como lengua única para facilitar la comunicación y reducir costes, supone un obstáculo a la comprensión y puede ser la causa de cuantiosas pérdidas económicas como se ha demostrado en Francia[2]. Además, el uso de la lengua inglesa en negociaciones perjudica a los hablantes nativos de otras lenguas ya que en todo debate o negociación el que usa su lengua nativa tiene una ventaja incomparable porque domina todos los matices, reacciona más rápido y puede redactar las cláusulas con la letra pequeña a su favor. El que habla una lengua que ha aprendido en la escuela como segunda lengua es más lento y se le escapan matices, con lo que sale perdiendo. El empleo del inglés en la economía y el comercio beneficia a las empresas de lengua inglesa pues ahorran en gastos de traducción. Casi todos los lemas de las marcas más conocidas están en inglés para difundirlos con más facilidad por todo el mundo.

El hecho de que cada vez se imparta un número cada vez mayor de cursos de posgrado en inglés principalmente en los Países Bajos y en Italia implica no solo un número cada vez mayor de profesores con lengua materna inglesa (¿podrán seguir trabajando los profesores italianos y neerlandeses en lo sucesivo en sus países?)[3] o que los nativos de esos países den clases en una lengua que no es la suya con la evidente pérdida de calidad en la enseñanza sino que también influye sobre la edición de libros de texto solo en inglés con las evidentes repercusiones económicas para las editoriales nacionales. En la enseñanza hay estudios que demuestran que la sustitución del neerlandés por el inglés provoca una merma de la calidad y deja en situación de inferioridad a los Países Bajos en los mercados internacionales, o sea, lo contrario de lo que se pretende.

En resumen, la importación léxica del inglés tiene consecuencias negativas no solo sobre la lengua sino también sobre la cultura, la manera de pensar de un pueblo y sobre su economía. No se puede hacer caso omiso del hecho de que existe un vínculo estrecho entre la lengua y las ideas. La consecuencia final, de no remediarse la situación actual es que todas las lenguas se convertirán en lenguas de segunda clase, incapaces de describir el mundo. El inglés, la lengua predominante del mundo occidental, será la única en conservar el patrimonio de la precisión, de la adecuación entre el querer decir y el decir mientras que los que hablan otras lenguas se abandonarán sin ser plenamente conscientes a una servil imitación de la lengua dominante y no dispondrán más que de un instrumento imperfecto del que solo podrán hacer un uso torpe y aproximativo destruyendo su lengua pero también y sobre todo su capacidad de pensar de manera justa y precisa.

De lo anterior podemos deducir que la influencia del inglés en vez de ser un factor de enriquecimiento de las lenguas ha sido un factor de empobrecimiento, de frenada a su desarrollo y de obstáculo a la comunicación. Además, ha tenido graves consecuencias de tipo lingüístico, cultural, social, económico y psicológico y ha dividido sociedades.

Evidentemente, ante esta situación la opinión pública y los círculos políticos de las lenguas estudiadas han reaccionado. Esa reacción ha sido muy diversa y ha ido desde las medidas proinglés del gobierno de los Países Bajos en un extremo hasta las medidas de defensa de la lengua francesa en Canadá y Francia en el otro extremo pasando por la pasividad de los gobiernos de Italia y de Rusia.

En los Países Bajos la reacción de las autoridades se ha manifestado del siguiente modo: por medio de la proliferación de cursos universitarios y de posgrado en inglés; en el Parlamento, con propuestas de que el bachillerato también se dé íntegramente en inglés; con la publicación por la Taalunie de una lista oficial de vocabulario de la lengua neerlandesa que establece como norma que las palabras inglesas no se neerlandicen; con la anglofilia de las autoridades locales o aeroportuarias: la inmensa mayoría de los carteles señalizadores en el aeropuerto internacional de Ámsterdam está solo en inglés, los nombres de calles o plazas céntricas y los lemas de las campañas publicitarias municipales, también están en inglés. En resumen, la reacción gubernamental en los Países Bajos ha sido de defensa del inglés y no del neerlandés. La sociedad neerlandesa se ha dividido: por una parte, la reacción social proinglés ha consistido en poner nombres ingleses a los comercios y en que gran parte de los ciudadanos empleen el inglés en ellos y en las empresas aún cuando los interlocutores sean ambos neerlandohablantes; por otra parte, ha sido en los Países Bajos donde la reacción social en defensa de su lengua ha sido la más importante y decidida con la creación de asociaciones o potenciación de las ya existentes y con la confección de listas de sustitutos. Woordenlijst onnodig Engels,[4] es un glosario de sustitutos nacionales para los anglicismos innecesarios en circulación en la lengua neerlandesa, contiene 4.500 entradas de estos extranjerismos con sus equivalentes neerlandeses y se actualiza prácticamente a diario.

En los demás países, más tarde o más temprano y mejor o peor, gobiernos o parlamentos han reaccionado intentando poner freno a la penetración del inglés: Francia por medio de la creación de instituciones gubernamentales de defensa de la lengua en la década de los sesenta del siglo pasado entre las que destacan las comisiones terminológicas ministeriales que traducen o afrancesan anglicismos crudos de la técnica y la ciencia; la Oficina de la lengua francesa de Quebec realiza el mismo tipo de trabajo; la Bélgica de lengua francesa colabora con Francia y Canadá haciendo suyas las decisiones francesas y aportando nuevas soluciones terminológicas; Italia presentó una iniciativa legislativa en el 2008 para la creación de un Consejo Superior de la Lengua Italiana que se ocupe de traducir el inglés innecesario; Rusia creó en el Congreso de los Diputados de un Comité Terminológico en el año 2006. En el ámbito social, salvo en Rusia, también en estos países se han creado asociaciones de defensa de la lengua nativa frente al inglés y han abundado iniciativas como la redacción de manifiestos para sensibilizar a la opinión pública.

En todos los países estudiados la opinión pública está dividida entre partidarios y adversarios de los anglicismos. Un sondeo realizado en Francia en 1984 mostraba que  la fuerte influencia lingüística de EE. UU. era considerada una molestia o una barrera por el 79% de los encuestados y un 90% creía que los anglicismos crudos deben afrancesarse. Otro sondeo realizado en 1991 a valones y bruselenses francohablantes mostraba que un 47% opina que se usan demasiadas palabras inglesas mientras que un 48% cree que el recurso al inglés no es exagerado. Son sobre todo los mayores de 45 años (56%) quienes desaprueban la presencia de anglicismos mientras que los menores de treinta son los menos preocupados por el tema. Otro sondeo de opinión realizado en Rusia en el 2008 indicaba que la mayoría de los rusos piensa que hay un exceso de términos ingleses en la prensa escrita y está en contra de su empleo. El 55% de los encuestados no desea que aparezcan tantos términos extranjeros. También en este país eran principalmente los jóvenes los partidarios de la influencia del inglés. 

La opinión pública contraria a los anglicismos se expresa en Francia por medio de cartas que los ciudadanos envían a la Academia de la lengua, a la prensa y a los políticos. En esas cartas se denuncian el mal uso del francés en general y el empleo abusivo de palabras inglesas en particular. En Rusia, la incomprensión de esos extranjerismos causa descontento y hasta irritación en gran parte de la población, que considera que su lengua está contaminada. La mayor parte de los rusos piensa que esos anglicismos lo invaden todo: la prensa, la publicidad, la calle y la televisión. Personalidades como catedráticos de universidad, políticos, diputados y algunos periodistas y escritores se pronuncian en público contra la proliferación de anglicismos innecesarios afirmando que no solo a ellos sino a la mayoría del pueblo, en particular a las personas mayores, les molesta por su insuficiente conocimiento de la lengua inglesa. Los ciudadanos corrientes rusos se expresan en foros de debate y en cartas al director de algunos periódicos. Muchos rusos piensan que Rusia parece un país colonizado porque cuando uno sale a la calle, la publicidad en inglés incomprensible es invasiva en los carteles y en los escaparates, el lenguaje de la economía y la ciencia está lleno de anglicismos incomprensibles para el ciudadano medio y los artículos de prensa y en particular las secciones deportivas muy a menudo no se entienden a causa de los extranjerismos. En Italia, hemos encontrado opiniones en el mismo tono de algunos periodistas, sociólogos, políticos y parlamentarios expresadas en artículos de prensa. En los Países Bajos no son pocos los ciudadanos que envían cartas similares a algunos periódicos. Por supuesto, la mejor prueba de la indignación que sienten algunos contra la presencia masiva de anglicismos en sus lenguas se expresa por medio de la afiliación a asociaciones de defensa del idioma.

Por su parte, muchos lingüistas de todos los países estudiados incluidos los criticados por “puristas” han afirmado estar a favor de la importación léxica cuando no exista equivalente o traducción en la lengua nacional. Todos aceptan el préstamo léxico necesario siempre que se adapte a la fonética y la grafía de la lengua nacional. Algunos lingüistas prestigiosos opinan que es ridículo tolerar que la lengua se renueve no por evolución natural de significados o por la entrada moderada de préstamos de otro idioma para designar nuevas ideas o conceptos, sino por la improvisación de ignorantes a los que los medios de comunicación dan posibilidades de que se les escuche. Esos lingüistas opinan que hay que intervenir individualmente, en la escuela y a través de los medios de comunicación y de la administración del Estado. En resumen, son muchos los que piensan que los anglonorteamericanismos no adaptados amenazan las lenguas nacionales y provocan una sensación de incertidumbre insana. Esos lingüistas opinan que el argumento según el cual el uso de anglicismos es un medio para obtener un efecto de brevedad, concreción y rapidez característico de una prosa moderna parece ser razonable pero es miopía lingüística porque creen que ese efecto lo consiguen los buenos escritores nacionales sin recurrir a extranjerismos. Los anglicismos continúan entrando y si bien es cierto que algunos desaparecen o se traducen, por cada uno de esos entran muchos nuevos. Esos lingüistas opinan además que se deberían estudiar las iniciativas tomadas en otros países europeos sobre los anglicismos para evitar el riesgo de intervenciones unilaterales y no sopesadas.

Caso raro y aparte lo constituyen los lingüistas que se pronuncian abiertamente a favor de la influencia inglesa. Solo hemos encontrado a dos que lo hagan en Francia. Su punto común es que ninguno de los dos es francés y que uno de ellos ocupa un puesto importante en la comunidad lingüística anglosajona. También hay excepciones en Italia, Países Bajos y Rusia. Por lo general, esos lingüistas se limitan a argumentar que apenas hay anglicismos en sus lenguas, que siempre ha habido préstamos y argumentan que la “lucha contra los anglicismos” tiene motivos nacionalistas. Algunos añaden que la mayor parte de los extranjerismos quedan confinados a las lenguas de especialidad (con lo que no se produce una inglesación de la lengua común). Otros afirman que no hay equivalentes nacionales o que los anglicismos tienen un valor sentimental o expresivo que no tiene el equivalente nacional. Sin embargo, son pocos los profesionales de la lengua que defienden en público la introducción de anglicismos. En cualquier caso, a pesar de que nadie defiende los innecesarios son muchos los que los emplean como muestra la realidad cotidiana. Llama la atención que en todas las lenguas estudiadas, esa minoría de lingüistas anglófilos critique tildando de puristas a los que se oponen a la proliferación de terminología inglesa innecesaria. Se critica a esos “puristas” principalmente porque “no entienden que no saber inglés es ser analfabeto en el siglo XXI”. Se mezclan así, en nuestra opinión, cosas distintas: por una parte, las ventajas o más bien la necesidad de conocer el inglés para el desempeño de ciertas profesiones o para viajar fuera del país natal y, por otra, el deber moral que tienen las empresas privadas y la administración del estado de usar la lengua nacional a la hora de prestar un servicio público, la práctica de introducir anglicismos innecesarios en textos escritos o conversaciones en lengua nacional y la aberración de tener que conocer una lengua extranjera para vivir en el país natal.

¿Quiénes son los responsables de la introducción de anglicismos innecesarios y con qué razones justifican su empleo? En general, se puede afirmar que cualquier persona en contacto con la lengua inglesa es susceptible de introducir un anglicismo crudo en su propia lengua. Sin embargo, los principales importadores de anglicismos crudos y responsables de errores de traducción que empobrecen las lenguas nacionales son los periodistas aunque no son los únicos. Los directores y propietarios de periódicos tienen gran parte de responsabilidad puesto que para muchos el rendimiento financiero es más importante que la calidad de la lengua nacional lo que ha traído consigo la multiplicación de anglicismos en las páginas de la prensa. En general, los periodistas opinan que tienen derecho a escribir como quieran puesto que les ampara la libertad de expresión y no consideran que el empleo de anglicismos crudos sea un problema. Sin embargo, muchos ciudadanos piensan que no debería ser así ya que los periodistas prestan un servicio público y deben satisfacer el derecho del pueblo a estar informado en su propia lengua. En las páginas de la prensa de las lenguas estudiadas con la excepción de Quebec existe cierta permisividad sobre cómo se escribe puesto que no hay guías de redacción, libros de estilo o directrices lingüísticas de la redacción de los periódicos. Por consiguiente, los periodistas tienen libertad total para emplear anglicismos, lo que es comparable a tener libertad total para escribir con faltas de ortografía.

En general, muchos periodistas están convencidos de que la lengua inglesa es superior a la propia y piensan que es más funcional, más lacónica y más breve. No consideran un problema verdaderamente importante el uso de palabras inglesas en la lengua nacional. Están convencidos de que el empleo de anglicismos facilita la comprensión y hace más atractivos sus artículos. Sin embargo, el resultado es el contrario: incomprensión e indignación de lectores. Algunos periodistas opinan que sus compañeros emplean a veces anglicismos por ignorancia, por pobreza léxica o incluso por el deseo banal de demostrar su conocimiento de lenguas extranjeras.

Otros introductores de anglicismos son: los publicistas, que opinan que el empleo de un anglicismo confiere a sus productos una pátina de elegancia y deseabilidad. Los anglicismos se usan en la publicidad con el fin de atraer la atención y dar una connotación positiva al producto anunciado y así vender más; los empresarios, que se aprovechan del atractivo de lo extranjero para vender más; los científicos, que invocan tres razones principales para justificar el empleo de la lengua inglesa: (1) el inglés es la única lengua verdaderamente internacional y es indispensable para la comunicación científica; (2) la publicación en inglés en revistas internacionales es obligatoria si se quiere alcanzar notoriedad o mejorar la reputación propia ante las autoridades que asignan fondos para la investigación; (3) solo el inglés responde a las necesidades neológicas del mundo moderno, es más creativo y se caracteriza por una mayor flexibilidad, mejor capacidad de adaptación y por su riqueza de vocabulario; por último, otros productores de información y muchos ciudadanos corrientes también tienen su parte de responsabilidad por pereza, negligencia, despreocupación y cobardía. La reacción de la opinión pública en todas las lenguas estudiadas es ambigua y contradictoria ante la situación. Los anglicismos gozan de preferencia frente a sus equivalentes nacionales porque los que los emplean creen así realzar su nivel de información y adquirir en ciertas esferas sociales un nivel más alto. En general, es bien conocida la tolerancia de italianos, belgas, franceses y neerlandeses ante los anglicismos y, a pesar de los sondeos de opinión citados más arriba, la impresión general es de acogida entusiasta en muchos sectores de la población. Por último, es un hecho indiscutible que la anglomanía y la inglesación no progresarían si no contaran con el apoyo voluntario de una parte más o menos grande de la opinión pública.

A la vista de lo anterior, ha llegado el momento de preguntarnos si es verdaderamente la prensa la principal transmisora de anglicismos crudos innecesarios. Creemos que sí. La influencia del inglés sobre la prensa escrita ha sido el objeto principal de nuestro estudio puesto que estamos convencidos, como muchos de los lingüistas estudiados, de que ella es la principal responsable, por encima de la televisión y de la publicidad, de la introducción de anglicismos crudos innecesarios, de que se cometan errores de traducción por influencia del inglés en las lenguas estudiadas y, por consiguiente, de la degradación y empobrecimiento de estas últimas

La prensa es la enciclopedia de los adultos y se encarga de su formación continua. También es el sector de la lengua escrita donde se tratan todos los temas de interés social (ciencia, música, actualidad, deportes, cultura, etc…) y gran parte de su contenido procede de fuentes en lengua inglesa. En general, los medios de comunicación son la correa de transmisión entre las lenguas extranjeras y las nacionales y por consiguiente el principal medio de penetración de las palabras extranjeras y sobre todo de las inglesas. El inglés, pues, llega a todos los grupos sociales a través de los medios de comunicación e influye enormemente sobre el lector. Sin embargo, es cierto que, como el resto de la población, los periodistas parecen estar divididos en dos mitades homogéneas: unos emplean anglicismos (algunos desmesuradamente) y otros no los emplean.

Los periodistas y la prensa en general son para la mayoría de los lectores un ejemplo constante. Para muchos que no leen nunca un libro la prensa es su única lectura. No es una exageración decir que el futuro de la palabra depende de los periodistas y que el empleo del anglicismo innecesario o el error de traducción en la prensa no refrenda el uso sino que lo crea y lo propaga aunque posteriormente, la televisión desempeñe el papel de amplificador.  Ese anglicismo innecesario gusta a otros periodistas que lo usan sin cesar. Después los lexicógrafos lo llevan a los diccionarios y sin ser una palabra del pueblo al que se suele invocar en estos casos, el anglicismo adquiere carta de naturaleza en cualquier lengua.

De lo anterior, queda clara la enorme responsabilidad que tienen los periodistas ante sus lectores. Es cierto que muchos anglicismos innecesarios aparecen en publicaciones especializadas, en congresos con interpretación simultánea, en conversaciones privadas, etc, pero no ante un público de millones de personas. Por el extenso público al que llega y por ser considerada “maestra del idioma” pues los periodistas son considerados modelos lingüísticos, la prensa influye considerablemente sobre la mayoría de sus lectores que consideran correcto lo que leen, y los anglicismos que introduce, poco a poco, se arraigan en el subconsciente colectivo. Sin embargo, la mayoría de los lectores de periódicos no tienen ni del inglés ni de todos los temas de información cotidiana el conocimiento que les permita corregir información incorrecta desde el punto de vista lingüístico. La mayor parte de los lectores no se da cuenta del error de traducción porque hace falta un excelente conocimiento del inglés y por supuesto de la lengua propia para detectar los muchos anglicismos semánticos que son introducidos a diario a través de las traducciones aproximativas. Por esa razón, en muchos casos los hablantes usan anglicismos sin saber que lo son y solo porque su entorno se los suministra continuamente como modelos. Los toman donde los encuentran y si son repetidos en columnas y artículos, al considerar “sagrada” la palabra escrita en un periódico importante, acaban por creer que los anglicismos, tanto crudos como semánticos, no solo son lícitos sino necesarios e inevitables y los emplean en sus propios escritos o conversaciones. Además, del mismo modo que aumentan considerablemente las ventas de un producto industrial anunciado en un medio de comunicación, una palabra, un neologismo, un anglicismo que “sale” en un periódico de gran tirada se propaga y es de inmediato legitimado y valorizado. Por consiguiente se puede afirmar que los periodistas son los actores más importantes en la propagación y sobre todo en la legitimación de los anglicismos.

¿Por qué emplean los periodistas anglicismos crudos en sus artículos? Como cualquier profesional en relación diaria con la lengua inglesa, los emplean voluntaria e involuntariamente. Muy a menudo las causas involuntarias son explicables únicamente por la incompetencia en traducción del periodista obligado a traducir, ya que es incapaz de encontrar un equivalente nacional para un término inglés y no traduce, o cuando lo hace se equivoca. Aún así, en el primer caso, un profesional de la prensa tiene el deber de escribir en la lengua de su periódico y de buscar consejo profesional de un lingüista o de un traductor cuando no sea capaz de solucionar por sí mismo un problema de traducción. Por su parte, la dirección del periódico debe poner a disposición del periodista los instrumentos que necesite para cumplir con el deber de informar. Por ejemplo, libros de estilo y asesoramiento técnico. En cuanto a la prisa en redactar que algunos invocan, no puede ser considerada una verdadera causa puesto que esa presunta prisa también es una circunstancia presente en muchas otras profesiones. Pensemos en los intérpretes, su tiempo de reacción es de menos de un segundo. Además, casi siempre el mismo anglicismo aparece en la prensa día tras día, semana tras semana y mes tras mes sin que se le haya encontrado una solución o, peor aún, sin que ni siquiera se haya buscado. Lo anterior no es solamente atribuible a los profesionales de la prensa sino a cualquier persona cuya fuente de información esté en lengua inglesa y que sin ser profesional de la traducción se vea abocada a producir un mensaje escrito u oral en otra lengua. Valga lo dicho aquí para los anglicismos crudos. ¿Qué podemos decir de los semánticos que aparecen con tanta frecuencia como los crudos y son, si cabe, más nocivos? Son fruto de un error de traducción del periodista. Creemos que en tal caso el responsable último es el director del periódico que debería haber tomado medidas para corregir los errores de sus empleados.

Las causas voluntarias tienen su raíz en una decisión personal o empresarial. Están relacionadas principalmente con la obediencia del periodista o de su periódico a la ley de la oferta y la demanda, o sea, el deseo de que un artículo sea leído por el mayor número posible de lectores o de que el periódico se venda lo más posible. Los periodistas a menudo usan anglicismos en sus textos e incluso en los titulares, pudiendo emplear palabras de la lengua nacional, por sensacionalismo, para atraer la atención de los lectores con la complicidad tácita de la dirección del periódico y amparándose en la libertad de expresión. Es un hecho que muchos periodistas intentan atraer la atención del lector usando un anglicismo en el titular de la noticia. Sin embargo, en el cuerpo de la misma noticia prescinden del anglicismo y usan su equivalente nacional. En resumidas cuentas, se sirven del anglicismo como sinónimo de ese término nacional. Ningún medio de comunicación está exento de recurrir al sensacionalismo para aumentar la tirada y vender más.

También lo hacen por negligencia: para un periodista lo fácil es copiar el extranjerismo porque está convencido de que así atraerá la atención del lector en vez de investigar, preguntar; en suma, de esforzarse. Además, en la prensa y la publicidad se manipula a la opinión pública empleando extranjerismos difícilmente comprensibles con el fin de nublar el sentido de lo que se presenta. También se emplean por pedantería y deseo de impresionar a lectores y oyentes, a causa del prestigio que el inglés tiene para ellos, por el anhelo que siempre han tenido y siguen teniendo algunos seres humanos de impresionar a los demás, de situarse en posición de superioridad, de demostrar sus conocimientos y porque también han sido presa de la hipnosis colectiva que induce a pensar que todo lo bueno procede de la primera potencia mundial, incluido su vocabulario. Otras veces el periodista emplea anglicismos por razones estéticas y pragmáticas ya que está convencido de que su artículo resultará más brillante así gracias a la presunta belleza, brevedad y sonoridad de la lengua inglesa o porque piensa que no existen equivalentes en la lengua nacional.

El recurso al inglés es, pues, a menudo un refugio contra la precisión, la fuga ante la obligación de claridad inherente a todo discurso informativo. Al recurrir al anglicismo, los periodistas no realizan su trabajo de manera profesional puesto que los lectores tienen derecho a una información lingüística precisa. Son numerosas las críticas de lectores y especialistas a los periodistas por el uso de anglicismos innecesarios que solo introducen confusión al no ser comprendidos por gran parte de los lectores. También los critican por los errores de traducción y el empleo de anglicismos semánticos innecesarios que paulatinamente cobran carta de naturaleza en todas las lenguas y son asimilados por la mayoría de los lectores de prensa sin ser conscientes de ello. En Francia y en los Países Bajos, los lectores opinan sobre el tema en las páginas de los periódicos y lo hacen con irritación e indignación ante la magnitud del fenómeno y ante la insensibilidad y pasividad en la lucha contra los anglicismos (o actividad desmesurada en su introducción) de los periodistas. A pesar de que no son representantes del pueblo, los periodistas influyen más que los políticos sobre la lengua y la cultura de los pueblos.

Sin embargo, algunos periodistas sea cual sea su nacionalidad no reaccionan a los deseos de tantos lectores. No creen que el uso de anglicismos crudos sea un problema y lo consideran parte de su trabajo. Además, no hay ningún tipo de control democrático sobre ellos. Solo unos pocos periodistas se indignan ante un hecho lingüístico y cultural que afecta negativamente a millones de personas. De hecho, ni siquiera informan, salvo contadas excepciones, sobre una noticia de tanta relevancia para las lenguas nacionales con la excepción del defensor del lector de Le Monde, el de De Volkskrant y algún que otro periodista. En la prensa analizada es escasa la información sobre los errores de traducción como consecuencia de la influencia de lenguas extranjeras o sobre los anglicismos crudos innecesarios. Raros son los periodistas que escriben sobre ese tema y, sin embargo, es uno de los temas que más preocupan a los lectores puesto que muchas de sus cartas al director versan sobre ese tema. Parece ser que los periodistas, cuya misión es informar a la opinión pública sobre la actualidad, sobre todo lo que es noticia, no se aplican esa regla a sí mismos, lo cual es lógico hasta cierto punto puesto que son juez y parte y ¿acaso van a tirar piedras contra su propio tejado? Sin embargo, la influencia de los anglicismos sobre el lenguaje de la prensa es un fenómeno de gran envergadura y de actualidad desde hace muchos años. Los lectores que escriben cartas al director están convencidos de que la prensa en general tiene gran responsabilidad en la decadencia de su lengua nacional. En el periódico Le Monde en particular, han compartido esa opinión un defensor del lector, un redactor jefe y un corrector, y han afirmado que el empleo de anglicismos crudos innecesarios es una falsa pedantería y una falta de respeto a los lectores. Sin embargo, la política de estos periódicos, Le Monde De Volkskrant, consiste en hacer oídos sordos a las demandas de los lectores, que hasta proponen equivalentes en francés y neerlandés para los anglicismos crudos que aparecen en ellos. ¿Se trata de una política deliberada de la redacción o de una ausencia de política sobre anglicismos?  En la mayoría de los periódicos analizados no existe corrector ni instrucciones de la dirección para limitar el empleo de anglicismos lo que sorprende enormemente y hace que nos preguntemos por qué razón  cualquier editorial dispone de correctores que revisan cualquier libro antes de que sea publicado por pequeña que sea la tirada y periódicos como los analizados, con tiradas muy superiores a cualquier libro (salvo los superventas), y que tanto influyen sobre el pueblo no los tengan. Lo que sí es cierto es que los periodistas obtienen un provecho sensacionalista usando anglicismos y que la dirección les respalda tácitamente al no tomar ningún tipo de medida de contención. Sin embargo, en Quebec, donde la sensibilidad de la opinión pública ante los anglicismos es diferente, muchos son los periódicos y revistas que tienen correctores profesionales como L´Actualité, Le Journal de Montreal o Le Devoir.

¿Preocupa a los periódicos la opinión de sus lectores? No lo parece. ¿Hay que culpar a los periodistas o a sus jefes, directores y propietarios? ¿Se arruinaría un periódico contratando a un traductor o a un revisor competente? Aunque en nuestra opinión, bastaría un traductor-revisor y la voluntad expresa de la dirección de no recurrir a anglicismos innecesarios, va a ser difícil que la situación cambie pues si los periodistas no creen que sea un problema, y los directores y propietarios están convencidos de que los anglicismos crudos desempeñan un papel importante en las cifras de venta, ¿qué director va a ser el primero en imponer normas estrictas para que no se empleen anglicismos en su periódico si corre el riesgo de perder clientes? Nosotros creemos que la responsabilidad principal es del director o del propietario del periódico. Por pasiva o por activa. No se puede decir que un director o editor promueva el empleo de anglicismos en su periódico si no hay pruebas pero sí sabemos que un director que cuente con el apoyo del propietario del periódico puede marcar la línea editorial de un periódico o prescribir reglas generales. Un director puede también hacer oídos sordos a las quejas de una mayoría de sus lectores, tomar medidas en defensa de la calidad de la lengua en su periódico o de contención de anglicismos crudos innecesarios. No olvidemos, por último, que la principal fuente de financiación de los periódicos son los anuncios publicitarios y que la publicidad comercial es la segunda introductora de anglicismos en las lenguas estudiadas. En Le Monde hubo consignas muy estrictas de la redacción que prohibían el uso de angloamericanismos cuando hubiera equivalentes franceses. Posteriormente, al cambiar de director, se acabaron las consignas. Los periodistas de Le Monde hoy día no hacen caso de las cartas al director, no corrigen sus errores y tampoco tienen en cuenta las recomendaciones de la defensora del lector.

En la mayoría de los periódicos analizados no solo no existe corrector sino que tampoco existen libros de estilo con glosarios de anglicismos innecesarios y soluciones nacionales. En Rusia no existen libros de estilo de la prensa; en Italia hay uno aunque apenas se habla en él de anglicismos; en Francia hubo uno en Le Monde editado en el 2002 pero no se reeditó; en Bélgica no hay libros de estilo de la prensa de lengua francesa aunque sí los hay en la de lengua  neerlandesa. En los Países Bajos hay varios libros de estilo pero los periodistas no respetan sus prescripciones sobre anglicismos y además su calidad no se acerca a la de los españoles. En Canadá, sí hay libros de estilo y también correctores y es precisamente allí donde la cifra de anglicismos crudos es más baja. Está claro que si un periodista sin formación de traductor o filólogo recibe gran parte de la información necesaria para escribir sus artículos en lengua inglesa, tendrá que hacer frente a problemas de traducción. En tal caso, le serviría de apoyo fundamental contar con una lista de equivalentes para los anglicismos más usados en la lengua en que escribe. Se trata de términos de difícil traducción o que todavía no aparecen en los diccionarios bilingües. También le hará falta a veces un especialista a quién recurrir: un traductor o un experto en un ámbito concreto pues para poder traducir primero hay que entender. Además de lo anterior, en una situación ideal en cada periódico habría una persona cualificada para leer todo lo que el periódico publica y hacer un informe de errores con sus propuestas de equivalentes nacionales. En cualquier caso, si no hay voluntad de solucionar el problema o si se considera que el empleo de anglicismos crudos no es un problema, nada de lo anterior tiene sentido.

Como hemos visto hay muchos ejemplos que ilustran el vínculo entre la inglesación de las lenguas estudiadas y la actuación de los medios de comunicación: la falta de profesionalismo en traducción o la inserción deliberada de anglicismos en titulares y en las noticias o artículos, o su empleo como sinónimo de términos nacionales; la ausencia de libros de estilo con glosarios de anglicismos innecesarios y equivalentes nacionales (o que no se los tenga en cuenta cuando existen); la falta de instrucciones de la dirección contra el empleo de anglicismos crudos y la ausencia de revisor.

¿Qué dicen las estadísticas? ¿Cuántos anglicismos crudos hay en un diario de calidad y cuántos anglicismos crudos han entrado en los diccionarios de las lenguas analizadas? Es complicado querer concretar la influencia de la lengua inglesa sobre todas las estudiadas basándonos en las estadísticas publicadas que conocemos. Estadísticas las hay sobre todas las lenguas. Todas son polémicas por diversas razones. Sin embargo, la realidad es tozuda. Todas las lenguas estudiadas están anglizadas en mayor o menor medida. Para hacernos una idea más o menos fiel de la situación de anglización de una lengua y de su cultura, debemos abstraernos de esas cifras y pasear por las calles de Roma, París, Bruselas, Ámsterdam o Moscú y fijarnos en las vallas publicitarias, en los nombres de los comercios, en los carteles de los escaparates; leer la prensa y oír la televisión en esas lenguas; fijarnos en cómo habla la gente, ver la programación de televisión y la cartelera de cines, etc. La realidad es innegable como hemos visto en los apartados “situación actual” de los diferentes capítulos de esta tesis: hay casos en los que la impresión visual o auditiva de contaminación de una lengua por anglicismos puede ser enorme a causa de su alta concentración en textos escritos o discursos orales.

A continuación presentamos algunas estadísticas que nos pueden ayudar a hacernos una idea sobre cuál es la situación actual. Hemos intentado conocer tres datos importantes en cada una de las lenguas estudiadas para poder determinar el grado de influencia real de la lengua inglesa: (1) la cifra absoluta de anglicismos crudos en un diario importante. Para conocerla hemos realizado nuestro corpus propio; (2) la cifra de términos de origen inglés en el diccionario nacional de referencia y (3) las cifras de anglicismos (aunque no figuren en los diccionarios) en circulación en cada lengua. En todas las lenguas, los diccionarios de uso dejan pasar por lo general un mínimo de unos tres o cuatro años ( aveces, muchos más) hasta que incluyen los neologismos para estar seguros de que son palabras que verdaderamente han arraigado. Por consiguiente, si comparamos la cifra de anglicismos en un diccionario y la de anglicismos en circulación en una lengua dada en un momento dado, la última cifra podrá ser mayor o menor. El hecho de que gran parte de estos últimos no estén en los diccionarios no significa que su presencia no tenga influencia sobre los hablantes y sobre la lengua. Tiene la misma o quizás más que la de los que sí están pues suelen ser términos recién importados y de uso frecuente. Por eso hemos considerado conveniente incluir también cálculos basados en estudios de especialistas. En el cuadro I presentamos datos relativos a los dos últimos criterios y en el cuadro II sobre los dos primeros:

 

Cuadro I: Anglicismos en circulación y en diccionarios de 5 lenguas europeas

 

 

FRANCÉS

ITALIANO

NEERLANDÉS

RUSO

ESPAÑOL

Anglicismos en diccionarios de uso

3.000 (1)

5.510 (2)

7.699 (3)

 

692 (5)

Anglicismos en circulación

 

2.954 (7)

 

4.500 (8)

5.000 (9)

1.525 (10)

 

Fuentes:

1.Laurent Catach, Director de la sección digital, Dictionnaires Le Robert en respuesta a correo electrónico  sobre anglicismos crudos en el Petit Robert (Véase Anexo VI. Lengua francesa).

2.-Furiassi, 2008:316 sobre anglicismos en el GRADIT.

3.-Marjan Arts, Editora de Van Dale en respuesta a correo electrónico sobre anglicismos en el Diccionario de uso de la lengua neerlandesa Grote Van Dale.

5.-Pedrero González, Amalia, 2008: 90 sobre la cifra de anglicismos crudos en el Diccionario de la Real Academia Española, 2001.

7.-Bistarelli, 2008.

8.-Entradas en el Diccionario de inglés innecesario de Dick Vanzijderveld, 2010.

9.-Marina Y. Siemienova, 2007.

10.-Bogaards, (2008:70) con datos del Dictionnary of European Anglicisms de Görlach, 2001.

¿Qué conclusiones podemos sacar de los datos del cuadro anterior? En primer lugar, que las cifras de anglicismos en los diccionarios de uso de las lenguas estudiadas son muy elevadas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la cifra de entradas en un diccionario de uso es muy diversa. Va de las 300.000 del Oxford English Dictionary a los 60.000 del Petit Robert pasando por el cuarto de millón del diccionario de la lengua neerlandesa. Para conocer el porcentaje de anglicismos en un diccionario de uso hay que conocer varias cifras: el total de entradas y el total de anglicismos. Estamos convencidos de que hay pocas diferencias en el vocabulario total en uso en las lenguas analizadas. En el caso de la lengua inglesa, ya lo decía el distinguido académico español Emilio Lorenzo (1999:27-8) refiriéndose a las cifras del diccionario de Oxford. Suscribimos su opinión:

“Las dimensiones léxicas de una lengua dependen, a nuestro modo de ver, en primer lugar, de los criterios de aceptación vigentes en cada comunidad, y en segundo, de las posibilidades humanas y materiales de realizar el inventario de las unidades aisladas como dignas de figurar en el diccionario (se ha hecho en Inglaterra con el Oxford Dictionary y en alemán con el Deutsches Wörterbuch). Pero si los criterios de inclusión mantienen un mínimo de selectividad, y es justo que así sea, quedarán sin duda excluidos miles de vocablos ocasionalmente atestiguados en nuestra lengua, siempre considerados como espurios y que nunca llegaron a adquirir, ni mucho menos, carta de naturaleza. Sin embargo, los compiladores del Diccionario de Oxford han procedido con la máxima tolerancia, que es actitud proverbial de esa lengua ante cualquier tipo de extranjerismo o neologismo”.

En el caso de la neerlandesa, no nos ha sido difícil convencernos de lo mismo (como hemos demostrado en el apartado 7 del capítulo III) tras consultar la Lista Oficial de Vocabulario de esa lengua que cuenta con unas 100.000 entradas. Lo mismo sucede con el diccionario de uso de más prestigio de la lengua neerlandesa, el Van Dale con unas 250.000 puesto que un gran porcentaje de las entradas son palabras compuestas de tal modo que cuando el diccionario de la lengua española cuenta 2, en algunos casos el de la neerlandesa cuenta 20. Por consiguiente, suscribimos las palabras de Lorenzo: la diferencia la marcan los criterios de inclusión y las características de cada lengua. Creemos que la cifra real de términos de un diccionario de uso que no contenga términos técnicos o en desuso o que no esté distorsionada como el de la lengua neerlandesa oscilaría entre los 60.000 y los 100.000 que es lo que tienen el DRAE (83.000), el Petit Robert (60.000) de la lengua francesa y el Diccionario Oshegov (100.000) de la lengua rusa. En tal caso, según nuestros datos, el porcentaje de anglicismos en diccionarios de uso en una lengua dada sería mucho mayor de lo que suponen los especialistas: rozaría el 5% en Francia y el 10% en las lenguas italiana, neerlandesa y rusa y sería poco más de un 1% en la española.

En cuanto al porcentaje de palabras extranjeras en circulación en las lenguas analizadas creemos que es muy difícil por no decir imposible determinarlo con exactitud porque para hacerlo habría que examinar muestras muy extensas o elegirlas según un método que permitiera garantizar una representatividad total.

Un método realista y simple aunque laborioso para cuantificar el porcentaje aproximado de anglicismos en uso en una lengua dada consiste en calcular la cifra de anglicismos que se usan en un diario de calidad de las lenguas analizadas y la cifra de palabras distintas del idioma estudiado que se usan en ese diario y con ambas cifras, calcular ese porcentaje mediante una simple regla de tres. Eso es lo que hemos hecho con los corpus de prensa que hemos presentado en cada capítulo y aquí los comparamos con un corpus del diario El País y otro del diario El Mundo. El total de palabras distintas confirma que en todos los periódicos se usan poco más o menos la misma cifra de palabras: entre 10 y 15.000 en función del número de páginas que contenga el periódico No olvidemos que se trata de cálculos a la baja puesto que hemos analizado diarios de calidad. Las cifras serían distintas en una revista de moda, deporte, informática, etc. Estos son los resultados:

 

            Cuadro II: Corpus de anglicismos crudos en 5 lenguas europeas

 

 

De Standaard

 

 

Bélgica

 

Neerlandés

De Volkskrant

 

 

Países Bajos

Neerlandés

Le Monde

 

 

Francia

 

Francés

Corriere della Sera

 

Italia

 

Italiano

Izvestia

 

 

 

Rusia

 

Ruso

El Mundo

 

 

España

 

Español

El País

 

 

 

España

 

Español

Total páginas

122

136

162

132

160

167

183

Porcentaje de artículos con anglicismos

49,4%

41,98%

47,5%

77,2%

64,4%

25,5%

21,9%

Total palabras

61.112

62.432

90.753

74.840

63.303

83.928

106.714

Total palabras distintas

10.654

9.614

11.946

13.824

 

12.652

14.991

Total anglicismos

191

218

114

295

236

73

77

Porcentaje de anglicismos

1,79%

2,26%

0,95%

2,13%

 

0,57%

0,51%

 

Un periódico serio y de calidad como los estudiados suele contener como mínimo 60 páginas bien grandes en formato papel. En su formato digital, al guardar artículos de días anteriores, puede contener entre 150 y 200 páginas en formato Word y fuente Times New Roman 12. Como en cualquier diario importante se tratan todo tipo de temas, el vocabulario empleado refleja con precisión la lengua del momento. A pesar de haber analizado solamente un ejemplar por cada lengua, creemos que nuestro estudio es representativo por la cantidad de páginas y por la cifra de términos que contiene. Además confirma los resultados de nuestros otros corpus de prensa que figuran en los capítulos respectivos.

No todos los datos del cuadro son completamente homogéneos porque aunque se han analizado todos los artículos presentes el día elegido, la cifra de palabras analizada no es la misma (va, por ejemplo, desde las 61.112  del diario belga en neerlandés  De Standaardhasta las 114.077 de El País). Para conocer, la cifra total de palabras hemos empleado el programa de tratamiento de textos Word. Para saber cuántas palabras distintas hay en cada documento (excluyendo sus repeticiones) hemos usado el contador de frecuencia de palabras en textos escritos de la ciberpágina www.ocmseo.es. Conociendo la cifra total de palabras distintas, podemos deducir el porcentaje de anglicismos que hay en cada ejemplar analizado mediante una simple regla de tres. No hemos podido obtener datos porcentuales para Izvestia pues el programa empleado con los otros periódicos no funciona con el alfabeto cirílico pero si extrapolamos, su porcentaje estaría cerca del 2,26% del periódico neerlandés De Volkskrant que tiene prácticamente el mismo número de palabras (62.432 frente a 63.303 de Izvestia) y algunos anglicismos menos (218 frente a 236 de Izvestia).

Los resultados muestran que donde más abundan los anglicismos crudos es en el diario digital de los Países Bajos De Volkskrant (2,26%), seguido sorprendentemente en segundo lugar y muy de cerca por el Corriere della Sera (2,13%)[5] y, probablemente, por el ruso Izvestia. El Corriere es también el periódico que contiene más artículos con anglicismos: dos tercios del total. Los periódicos españoles analizados, El Mundo y El País,  muestran un porcentaje muy inferior al de los extranjeros con 0,57 y 0,51% respectivamente[6]. Aunque los porcentajes sean relativamente bajos, las cifras absolutas son muy altas y van desde los 73 de El Mundo y 77 de El País hasta los 236 de Izvestia y 295 del Corriere della Sera.

Estamos convencidos de que la prensa es el principal medio de introducción, difusión y legitimación de extranjerismos por delante de la televisión por las siguientes razones: (1) la palabra escrita permanece mientras que la oral desaparece; (2) las cifras de anglicismos en la prensa escrita son mucho mayores que las de la televisión; (3) la memoria visual es mucho más potente que la auditiva; (4) las cifras de difusión de los diarios digitales más importantes son mayores que las de un telediario de la televisión pública.

En relación con la enorme difusión de un término usado y popularizado por los periódicos en centenares de miles de ejemplares o leído en sus ediciones digitales, cualquier mensaje oral aunque se emita por televisión no deja de ser un hecho sin consecuencias. En todo el mundo, el lenguaje de la prensa escrita ha adquirido un prestigio que lo ha convertido hoy día en un modelo lingüístico de referencia con función normativa. El prestigio y la autoridad de la palabra escrita o impresa se deriva del hecho de que compromete más que la oral porque el escribir es más reflexivo que el hablar y permanece como documento. Toda la cultura occidental se basa en documentos escritos o impresos. La palabra en la televisión o en la radio apenas dicha se pierde por lo que su posibilidad de asimilación es reducida mientras que la de la prensa es duradera, documental y de ahí la mayor posibilidad de asimilación. 

Además, la prensa escrita se ha convertido en el principal canal de transmisión de anglicismos pues, por una parte, la cifra de anglicismos que se oyen por televisión es muy inferior a la de la prensa escrita como podemos comprobar cotejando las estadísticas de anglicismos en la televisión francesa de la asociación DLF[7]  (Defensa de la lengua francesa)  y las de nuestros corpus de anglicismos en telediarios de las televisiones rusa, francesa, belga, italiana y española con los corpus de prensa de algunos lingüistas que hemos reproducido en sus respectivos capítulos y que muestran el porcentaje de anglicismos en el lenguaje de la prensa o con los resultados de nuestros corpus propios de prensa (Véase el cuadro II). Un mes de escucha de la Asociación DLF en los canales TF1, Arte, Canal +, France 2, France 3, France info, France musique y Radio classique, en enero del 2009 detecta solamente 37 anglicismos innecesarios principalmente en programas de noticias y actualidad. Nuestro corpus de escuchas de telediarios de cuatro lenguas nos da una media de entre 1,5 y 6,4 anglicismos por emisión como podemos ver en el Cuadro III  más abajo que conviene comparar con el Cuadro II (Corpus de anglicismos crudos en la prensa de 5 países europeos). Sin embargo, como sabemos, la media diaria de anglicismos crudos por ejemplar en los diarios extranjeros analizados oscila entre 114 y 295 aunque en España la cifra sea mucho menor: 73.

 

Cuadro III: Corpus de anglicismos crudos en telediarios de 6 países europeos

 

 

Francia

Bélgica en francés

Bélgica en neerlandés

Países Bajos

Italia

Rusia

España

Telediarios analizados

6

6

6

6

6

6

12

Anglicismos crudos

12

26

38

24

41

28

18

Anglicismos por emisión

2

4,33

6,33

4

6,83

4,4

1,5

 

Hay quien dice que la televisión llega a más hogares que la prensa, que su público es mucho mayor y que, por consiguiente, también lo es su influencia. Sin embargo, la realidad desmiente la afirmación anterior al menos en lo que respecta a los telediarios. La difusión media diaria de El País en su edición impresa fue de 365.117 ejemplares en el año 2011 y la de El Mundo, de 252.729 según datos de la Oficina para la Justificación de la Difusión[8]. Además, las cifras mensuales de lectores de las ediciones digitales de El País y de El Mundo (los periódicos más leídos en España) son de 8.000.000 el primero y 7.300.000 el segundo. En tercer lugar, con 4,7 millones de usuarios, está 20minutos.es y el cuarto, quinto y sexto puesto lo ocupan por este orden ABC (4,5 millones de usuarios), La Información (3,4) y La Vanguardia (3,1).[9] La media diaria del primer periódico asciende, pues, a 266.000 lectores. Por consiguiente, no se puede decir que las cifras de lectores de la prensa escrita sean pequeñas o mucho menores que las del telediario. En efecto, si sumamos las cifras de lectores de las versiones impresa y digital de los dos primeros diarios españoles, el resultado total alcanza el millón de lectores. Por su parte,  1.800.000 personas ven a diario las noticias de TVE según informó esta institución en su telediario de las 15.00h del 1.8.2012. Las cifras de televidentes y lectores que acabamos de mencionar junto con los resultados de nuestros corpus corroboran nuestra afirmación de que  la prensa es la introductora de anglicismos crudos por excelencia. Por último, un examen superficial del tipo de anglicismos en telediarios nos dice que en este medio se emplean únicamente cuando están verdaderamente arraigados y solo en algunos casos cuando todavía no lo están.

En resumen, hemos demostrado la responsabilidad de los periodistas en la degradación y empobrecimiento de las lenguas nacionales por su empleo desmesurado de anglicismos crudos innecesarios por las siguientes razones: (1) es un hecho indiscutible que la prensa escrita es la vía principal de entrada de anglicismos crudos y semánticos en las lenguas estudiadas como hemos probado en los capítulos dedicados a la prensa y resumido en esta conclusión; (2) la prensa influye más que la televisión pues es palabra escrita. (3) la diferencia entre la cantidad de anglicismos crudos en prensa y televisión es enorme puesto que la media por telediario en cualquiera de las lenguas estudiadas oscila entre los 1,5 de España y los 6,5 de Italia mientras que en la prensa oscila entre los 73 de España y los 295 de Italia; (4)  los periodistas se han convertido inmerecidamente en maestros de la lengua y en referencia lingüística de la población. Los lectores la consideran un modelo y la imitan. Sus anglicismos crudos y errores de traducción pasan al subconsciente colectivo; (5) en el ámbito lingüístico la prensa no es democrática. No atiende a la voluntad del pueblo que es contrario al empleo masivo de anglicismos crudos y a menudo no cumple su función de informar a causa de la proliferación de anglicismos que no se entienden y de errores de traducción que perturban la comunicación; (6) los periodistas usurpan el trabajo de los traductores y no traducen o traducen mal al no tener la formación necesaria; (7) en las lenguas estudiadas no hay orientaciones generales para los periodistas sobre el empleo de anglicismos pues no existen libros de estilo ni directrices de la dirección del periódico sobre el empleo de anglicismos con la excepción de Canadá. Tampoco se exigen responsabilidades a quien usa anglicismos innecesarios (a veces desmesuradamente en un mismo artículo) cuando hay equivalentes nacionales. Sin embargo, sí que se le exigirían al periodista que constantemente cometiera errores de ortografía.

Por último, presentamos un estudio comparado de la evolución en la entrada de anglicismos crudos y de los errores de traducción cometidos en los dos primeros periódicos de España por número de lectores:

Cuadro IV: Anglicismos y errores de traducción en tres corpus de prensa española

 

1998-2000

2008

2012

 

EL PAIS

 

 

Y

 

 

EL MUNDO

Ejemplares analizados:

 

2.000

 

Ejemplares analizados:

 

180

 

Ejemplares analizados:

 

2

 

Anglicismos crudos:

 

1.247

 

Anglicismos crudos:

494

Anglicismos crudos:

150

Errores de traducción:

2.863

Errores de traducción:

254

Errores de traducción:

82

 

Anglicismos/ejemplar

0,62

Anglicismos/ejemplar

2,74

Anglicismos/ejemplar

75

 

 

 

Errores de traducción/ejemplar

1,43

Errores de traducción/ejemplar

1,41

Errores traducción/ejemplar

41

 

                               

 

Hemos analizado conjuntamente los dos periódicos más vendidos de España: El País y El Mundo en varios periodos con el fin de comparar los resultados españoles con los extranjeros y la evolución en la importación léxica en la prensa española. En nuestro primer corpus, comprendido entre los años 1998 y 2000 hemos analizado unos 2.000 ejemplares y hemos encontrado 1.247 anglicismos crudos pero también otros 986 extranjerismos, principalmente galicismos. Asimismo, hemos detectado 2.863 errores de traducción de lenguas diversas pero principalmente del inglés y del francés. Las medias anuales en ese periodo de tres años son las siguientes: 744 extranjerismos de los que 415 son anglicismos y 954 errores de traducción; las medias diarias, como vemos en el cuadro, son 0,62 y 1,43 respectivamente. Unas cifras que confirman una escritura de calidad y que son de esperar en periódicos serios que no desean introducir anglicismos y cuidan la lengua en que escriben. Por consiguiente, pocos de esos anglicismos arraigarán en la lengua española o entrarán en el diccionario puesto que no ha habido voluntad de uso y los que se incorporen deberían ser los verdaderamente necesarios. Además, muchos de ellos serán traducidos o hispanizados. Eso es lo que ha sucedido en la lengua española desde el final de la Segunda Guerra Mundial: una importación cuidadosa y un uso moderado de anglicismos, principalmente de los necesarios o justificados. Sin embargo, en los tres meses analizados en el año 2008, entre octubre y diciembre, se observa ya un incremento moderado: tras examinar 90 ejemplares del diario El País y 90 de El Mundo, hemos encontrado 494 anglicismos crudos y 254 errores de traducción. Las cifras de anglicismos crudos han subido moderadamente con respecto al periodo 1998-2000 mientras que las de errores de traducción se mantienen: 1,41 errores de traducción del inglés por ejemplar y 2,74 anglicismos crudos por ejemplar. Sin embargo, la conclusión es la misma: esas cifras no demuestran “premeditación” en el empleo de anglicismos crudos sino imposibilidad de encontrar una solución ante la presión del inglés. Las cifras anteriores contrastan con las cifras del 2012 que son alarmantes por el incremento exponencial que suponen. A pesar de haber analizado un solo día, sabemos por nuestra lectura diaria de esos dos periódicos y porque estamos confeccionando un corpus diario desde hace años, que son un reflejo de la tónica general. Tenemos en ese día 75 anglicismos crudos y 41 errores de traducción en cada ejemplar.

A pesar de la diferencia todavía existente entre la cantidad de anglicismos en la lengua española y las lenguas estudiadas, los datos españoles son de mal agüero y muestran la vía por la que se han encaminado los periodistas españoles: la misma que han recorrido sus colegas europeos desde hace muchos años: el empleo desmesurado de anglicismos crudos innecesarios. No olvidemos que El Mundo y El País son los periódicos más vendidos de España y la imagen de la lengua española en el extranjero. Las comparaciones entre la prensa y la televisión son inevitables: los periódicos son empresas privadas y la televisión (el canal público estudiado) una empresa pública. Sin embargo, El País y El Mundo  representan a todos los españoles e incluso a todos los hispanohablantes y la responsabilidad de sus periodistas es muy alta. Cifras tan altas no se pueden tolerar por razones de imagen, de prestigio, culturales y económicas.

El inglés es inevitable. Está en todas partes y para la mayoría de los que no han estudiado inglés como primera lengua en la escuela, o sea, para la inmensa mayoría de los españoles, supone un gran problema. Un factor importantísimo en todas las lenguas estudiadas sin el cual no habría sido posible la entrada en masa de anglicismos innecesarios como demuestra el caso de España (la excepción que confirma la regla) fue la acogida entusiasta de la población de Europa Occidental al final  de la Segunda Guerra Mundial, e incluso de la soviética desde la década de los ochenta del siglo pasado y sobre todo desde su desaparición en 1991. En resumen, en todas las lenguas estudiadas el inglés ha encontrado un caldo de cultivo favorable: la posguerra  y el favor de la población local.  EE. UU.  arrasó por su modo de vida y por lo que mostraban sus películas, el modelo al que aspiraban pueblos destrozados. Solo hubo reacción en Francia antigua potencia lingüística mundial destronada en Versalles y solo ese país junto con Canadá y secundado por Bélgica se resistió y consiguió parar el flujo masivo de anglicismos crudos aunque no del todo. Los Países Bajos fueron el reverso de la moneda con su política anglófila y fomento del inglés como demuestran sus acciones y sus cifras.

En España no ha habido anglomanía como en todos los países estudiados. Quizás por el antiamericanismo de la sociedad española relacionado con la manera en que se perdieron Cuba, Puerto Rico y Filipinas a finales del siglo XIX y con el aislamiento de la España de Franco después de la Guerra Civil Española. Durante muchos años estuvo mal visto en España emplear anglicismos y nuestra Real Academia y una empresa privada, la Agencia EFE primero y Fundeu después, tomaron medidas para contener la importación del inglés como la edición de libros de estilo, la creación del Departamento de Español Urgente, la publicación del Diccionario Panhispánico de Dudas y los pronunciamientos de académicos de la lengua. Por esa razón se han hispanizado o se han traducido muchos  anglicismos crudos. Prueba de ello es que en el diccionario de la Real Academia solo hay 692 anglicismos crudos sobre un total de más de 83.000 entradas mientras que en los diccionarios de las lenguas estudiadas oscilan entre los 3.000 de la lengua francesa y los 7.000 de la lengua neerlandesa. Aún así, en el caso español muchos de ellos se podían haber traducido y otros tienen equivalente español. Los anglicismos crudos que en el pasado se leían en nuestros periódicos o se oían en nuestra televisión, eran más una prueba de incapacidad de encontrar una solución (pues voluntad había) o fruto del error (pues la media de anglicismos crudos y errores de traducción en nuestra prensa estaba entre 2 y 3 diarios), que fervor por la lengua inglesa. Sin embargo, después de esas cifras a finales del siglo XX e incluso casi al final de la primera década del siglo XXI, en el año 2008, en estos momentos, los periodistas españoles se están poniendo a la altura de sus colegas europeos a pasos de gigante.

En una época en que solemos hablar de la “marca España” y del valor económico del español, de la expansión de nuestra lengua y cultura nos estamos dejando avasallar, como demuestran las cifras de nuestros corpus y la lengua española va por el mismo camino que todas las lenguas analizadas. Sin embargo, lengua y cultura crean puestos de trabajo, pueden suponer una enorme fuente de ingresos y beneficiar a muchas familias, mucho más de lo que aporta la venta de unos cuantos ejemplares más que atraen al lector incauto por el inglés. Por consiguiente, tanto la prensa como la administración del estado deberían tomar medidas de contención y se debería ejecutar una política lingüística activa de defensa del español y de creación neológica (Véase el apartado siguiente: “Recomendaciones”).

Podemos resumir nuestra conclusión en trece ideas básicas:

1. La importación masiva de léxico inglés en los países estudiados es consecuencia directa de la victoria en una guerra y de la liberación de los países ocupados (la de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania nazi; la guerra entre Francia e Inglaterra en Canadá en el siglo XVIII y la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética) y de la subsiguiente superioridad política y económica de un país, de Inglaterra sobre Francia primero, y de Estados Unidos, después, sobre los demás. Esa importación léxica no tiene precedentes en la historia de la humanidad por su extensión geográfica, por la variedad de los transmisores de anglicismos y porque la inmensa mayoría de los términos importados tiene equivalente en las lenguas importadoras y supera en mucho a los verdaderamente necesarios.

2. Las lenguas europeas estudiadas han sentido en mayor o menor medida en todos sus ámbitos lingüísticos la influencia del inglés, sea por importación léxica sea por sustitución de la lengua nacional por el inglés. Cualquier ámbito de las lenguas nacionales es susceptible de contener anglicismos puesto que cualquier término inglés puede ser importado. Las causas de la importación son múltiples y mucho más variadas que en otras importaciones lingüísticas anteriores cuando las razones eran de necesidad (llenar un vacío léxico en la lengua receptora) y en menor medida estéticas. Las causas actuales pueden ser voluntarias (afán de lucro y de prestigio) e involuntarias (incompetencia o ignorancia).

3.Podemos afirmar basándonos en los datos expuestos en esta tesis y en las declaraciones de lingüistas de todas las lenguas estudiadas que la importación de anglicismos no ha disminuido desde que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial sino que es mayor cada día, y que si bien es cierto que algunos anglicismos caen en desuso o son traducidos, otros nuevos ocupan su lugar.

4. Los principales introductores de anglicismos en las lenguas nacionales son la prensa y la publicidad comercial. Se puede afirmar que en las lenguas analizadas existe una política lingüística oculta, consciente o inconsciente, de los medios de comunicación escritos que consiste en la importación masiva de anglicismos innecesarios y que ha supuesto el mayor factor de cambio en todas las lenguas analizadas en el siglo XX. Sin embargo, los periodistas no creen que el empleo de anglicismos crudos sea un problema. De los resultados de nuestros análisis de telediarios y de las afirmaciones de algunos lingüistas se puede deducir que la televisión solo emplea anglicismos arraigados y recurre a los nuevos en caso de necesidad o por error.

5.Se suele atribuir al pueblo la responsabilidad en los cambios lingüísticos y en la aceptación de anglicismos crudos. Sin embargo, al menos la mitad de la población de los países estudiados se opone a la anglización de su lengua porque no entiende inglés, no le gusta o simplemente porque considera que se da una agresión lingüística y cultural. Son los periodistas, los directores y los propietarios de periódicos los actores más importantes en la introducción, propagación y legitimación de anglicismos crudos innecesarios y semánticos. Estos dos tipos de anglicismos se introducen en el subconsciente colectivo de los lectores pues la prensa es considerada maestra del idioma y los periodistas, modelos lingüísticos. Por esa razón, los errores de una generación se convierten en la norma de la siguiente.

6.Los porcentajes de anglicismos crudos en prensa son relativamente bajos (no superan el 3%) y en televisión son muy bajos. Sin embargo, las cifras absolutas son muy altas en la prensa escrita (hasta 295 por ejemplar en el caso de Italia) y gran parte de esos anglicismos crudos innecesarios pasa al uso desahuciando a los términos nacionales equivalentes y entrando en los diccionarios. El empleo de esos anglicismos causa incomprensión en lectores y oyentes. Hay que tener en cuenta que los periódicos analizados se encuentran entre los más prestigiosos en las lenguas analizadas y los telediarios son de cadenas públicas. Es muy probable que si se hubieran analizado telediarios de cadenas privadas y revistas especializadas el porcentaje hubiera sido mucho mayor. En ninguna de las lenguas analizadas, hay ningún tipo de “control” sobre lo que escriben los periodistas (nos referimos a la forma y no al fondo) salvo en Quebec.

7.Las cifras de anglicismos en los diccionarios de uso más prestigiosos de las lenguas estudiadas sorprenden si se las compara con los 692 del Diccionario de la Real Academia Española: 3.000 en el Petit Robert de la lengua francesa, 5.500 en el Gradit de la lengua italiana y 7.699 en el Groot Van Dale de la lengua neerlandesa. Desgraciadamente, ni la editorial del diccionario de uso más prestigioso de la lengua rusa Oshegov (Ожегов) ni especialistas de esa lengua han realizado un estudio similar sobre palabras de origen inglés en ese diccionario y, por consiguiente, no podemos ofrecer esos datos. Las cifras más bajas de anglicismos en las lenguas estudiadas se encuentran en la lengua francesa probablemente, como han apuntado otros filólogos, gracias a la política de creación neológica del gobierno francés.

8.Todos los lingüistas estudiados aceptan el préstamo léxico necesario siempre que se adapte a la fonética y la grafía de la lengua nacional, y la mayoría está en contra de la importación léxica desmesurada de anglicismos innecesarios que ha dividido a las sociedades estudiadas en dos: una parte que los acoge con entusiasmo y otra que no los entiende y se opone indignada a su empleo. Estos últimos  han reaccionado creando asociaciones de defensa del idioma y presentando propuestas de sustitutos para esos anglicismos crudos. Al mismo tiempo, en varios países estudiados han surgido iniciativas legislativas o sociales de protección de la lengua nacional que se han plasmado en la creación de organizaciones públicas o privadas de defensa del idioma y creación neológica que presentan alternativas nacionales a los anglicismos.

9.La influencia del inglés ha sido un factor de empobrecimiento, de frenada al desarrollo, de obstáculo a la comunicación en otras lenguas y ha tenido consecuencias negativas sobre la lengua, la cultura y el pueblo de los países estudiados.

10.Salvo en Francia, Quebec y Bélgica, es decir, en la lengua francesa, los organismos reguladores de las otras lenguas analizadas, a pesar de su presupuesto y burocracia, se han visto impotentes para solucionar el problema que han planteado en sus lenguas los anglicismos crudos innecesarios. En los últimos años, en Rusia (2006) y en Italia (2008) se intentan seguir los pasos dados en el pasado en Francia y Canadá en defensa de la lengua francesa frente al inglés. En el primer país por medio de un comité terminológico y en el segundo con la creación de un organismo de defensa de la lengua encargado de la creación neológica. Sin embargo, en los Países Bajos y en la Bélgica de lengua neerlandesa los Gobiernos no han tomado ninguna medida de contención.

11.Las cifras y porcentajes de anglicismos en la lengua española son muy inferiores a las de las lenguas europeas estudiadas. Basta con comparar, en primer lugar, la cifra de anglicismos que contiene el DRAE con las de otros diccionarios de las lenguas analizadas y en segundo lugar, la de nuestros corpus de los diarios El Mundo y El País con las de nuestros corpus propios de los periódicos de esas lenguas. Nuestros datos corrigen a la baja las cifras de algunos lingüistas europeos como Bogaards (que se basa en datos del DEA de Görlach) y de otros que afirman que el grado de anglización de la lengua española es similar o ligeramente inferior al de las lenguas analizadas y al alza las cifras de anglicismos en las lenguas francesa, italiana y neerlandesa. Además enmiendan considerablemente las conclusiones de Bogaards sobre la cantidad de anglicismos en las lenguas estudiadas.

12. No obstante, se ha observado un crecimiento inaudito en la cifra de anglicismos crudos en esos dos diarios españoles en los últimos años a juzgar por la comparación entre los resultados de nuestros corpus de 1998-2000, 2008 y 2012. Por consiguiente, conviene realizar un estudio exhaustivo de anglicismos crudos y errores de traducción en España. Posteriormente, el Gobierno de España debería tomar medidas de protección y fomento de nuestra lengua frente a la influencia del inglés por medio de, entre otros, la creación neológica y la traducción. Más vale prevenir que curar. En el siguiente apartado, “Recomendaciones”, presentamos con detalle esas medidas que se basan en las mejores prácticas de los países estudiados.

13.Si bien es cierto que Estados Unidos ocupa merecidamente el primer puesto en la clasificación mundial en música moderna, información, cine, tecnología, ciencia, etc, también es cierto que se observa un monopolio asfixiante de EE. UU. en todos esos ámbitos lo que da a entender que el consumidor no es verdaderamente libre de elegir cine, música, información, etc,  de otros países. Ese monopolio tiene consecuencias sobre la lengua de otros países.

 

 

 


 



[1] Groot etymologisch woordenboek.

[2] Véase el apartado 2.2.2., “Consecuencias del uso del inglés en las empresas”.

[3] También en España se observa últimamente la misma tendencia. Véase: “Madrid ficha ‘a dedo’ a 28 docentes nativos para dar asignaturas en ingles”, El País, Pilar Álvarez, 6.9.2012.

 <http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/09/06/madrid/1346947811_869102.html>

[4] “Glosario de inglés innecesario”.

[5] Son también los diccionarios de uso de estas dos lenguas los que contienen más palabras de origen inglés: 7.699 y 5.510 respectivamente.

[6] Además, el diccionario de la lengua española (DRAE) es el que menos anglicismos contiene, alrededor de un 1%.

[7] Véase el Anexo V (francés).

[8]“El País gana ventaja como líder de la Prensa”, El País, Madrid, Sociedad, 25.1.2012.

[9] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/17/actualidad/1334690791_458503.html.



[1]<http://ec.europa.eu/public_opinion/archives/ebs/ebs_386_sum_en.pdf> [Consulta: 7.9.2012].

[3] Libro 1, Sección 4, “Censo de la población. Conocimiento de lenguas extranjeras”, <www.rg.ru/2011/12/16/stat.html> [Consulta: 7.9.2012].

[4] <http://www.ine.es/jaxi/tabla.do> [Consulta: 1.9.2012].

[5]. <www.ethnologue.com> [Consulta: 29.7.2012].

[6]. Görlach, Manfred: A Dictionary of European Anglicisms, Oxford: Oxford University Press, 2001.

 

 

 

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